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El drama de Sagasti

Francisco Sagasti, consultor internacional y esposo de la economista costarricense, Silvia Charpantier, anotó en unas hojas de un calendario los pormenores de 48 horas de cautiverio en la legación japonesa en Lima, Perú. Sus apuntes reflejan ansiedad, tensión... esperanza.

Sagasti permaneció como rehén entre el martes 17 y el jueves 19 de diciembre a manos de guerrilleros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Sus vivencias fueron reproducidas en la última edición del semanario peruano Caretas, del 26 de diciembre último.

Un extracto de dicho trabajo periodístico se publica a continuación con la advertencia de que se trata de impresiones personales de alguien que estuvo cautivo en el primer piso de la residencia del Embajador de Japón.

  • PRIMER DIA
8:20-9:00 p.m.: El Asalto.

Estoy por irme de la recepción, haciendo tiempo. Escucho una bomba, algo que parecían cohetes, o disparos en el jardín. Estoy en medio de gente que corre hacia la casa; trato de caminar, pero algunas personas se están atropellando, empujando y maltratando los unos a los otros; están perdiendo hasta el mínimo de su dignidad personal. Quedamos tirados uno encima del otro sobre las alfombras; tuvimos que hacer contorsiones para acomodarnos y mantenernos cara al suelo.

Logro ver a uno de nuestros captores del MRTA, un joven nervioso a quien sus compañeros llaman Lucas. Estamos apiñados, buscando cómo acomodarnos, tengo a Lucas a dos metros frente a mí. Los miembros del MRTA gritan "cabeza abajo, tírense boca abajo, no nos miren." Lucas dispara al techo para asegurarse que sigamos sus órdenes.

El embajador japonés, Morihisa Aoki, pide respeto para sus invitados.

9:00-10:15 p.m.: Gases.

Cuando nos estábamos reordenando para que salgan las mujeres, la policía manda gases lacrimógenos. Se arma un pandemonio general; todos llorábamos, no podíamos respirar y varios tenían ganas de vomitar. Los del MRTA se pusieron sus máscaras antigases mientras que todo el resto lloraba. Algunos mojaron los pañuelos en vasos de agua mineral y se los pusieron en la cara. A mí me tocó cerca un vaso de cerveza, mojé mi pañuelo, me lo puse en la cara para tratar de evitar que los gases me afecten, sobre todo a los lentes de contacto.

12:00-1:15 a.m.: Los mozos

Empezó a formarse una cola para el baño; los mozos de cocina hacían cola de igual a igual con los invitados a quienes habían servido horas antes. Terminaron de liberar a las mujeres a las 12:30, luego juntaron a todos los mozos y nos dijeron que nos tiremos todos al suelo. A las 12:45 aprovecho a dar una cabeceadita y dormir un poco. Empieza el censo y el MRTA decide quiénes pasan al segundo piso y quiénes se quedan en el primero. A medida que van enviando gente al segundo piso, los del MRTA revisan si tienen armas, poniéndoles las manos contra la pared; revisaron con más cuidado a los militares, algunos de los cuales se habían quitado el uniforme. Vi algunos rompiendo documentos, encontré una libreta electoral sin foto, y reconocí una insignia de congresista tirada en el suelo.

6:20-8:50: Me fichan.

Me toca el turno, un hombre con ropa color verde oscuro a quien llaman El Arabe me empadrona. A las 6:40 a.m. empadronan al último grupo, a las 7:05 distribuyen unas tajadas de mortadela y un poco de agua. A las 8:15 a.m., se produce el primer atoro en el baño, y tanto secuestrados como secuestradores se preocupan por hacer de gasfiteros (plomeros). Esta vez nos ayudan los empleados de la Embajada a limpiar los baños y las habitaciones. Luego desaparecerían de la escena.

11:30-11:45: Hablo con El Arabe.

Converso con quien aparentemente es el segundo de la operación; me dice: "Don Sagasti, yo he leído sus cosas, Ud. escribe en CARETAS y he leído sus entrevistas en los diarios." Le pregunto: ¿Cómo se llama Usted?, y me responde: "Llámeme sólo compañero." Le digo que he escuchado por su radio que su código es ábaco, pero me responde que no es así exactamente. Luego confirmo que su sobrenombre es El Arabe, aunque se nota que es totalmente peruano. Le pregunto si ha terminado la universidad. Me responde que sólo secundaria. Le digo que se nota que ha leído mucho, y me contesta que no se necesita ir a la universidad para saber algo, que la universidad peruana es muy mediocre.

2:30-3:00 p.m.: Escuelita diurna

Recibimos la primera visita y charla del comandante Huertas, a quien hemos identificado claramente como Néstor Serpa Cartolín. Empieza a hablarnos del sentido de comunidad, de la solidaridad entre los miembros del MRTA y de la obligación de cuidar a los compañeros y apoyar a los que están presos. Continúa diciendo que "el objetivo del modelo económico es enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres", y deja traslucir una ideología que es mezcla curiosa de una visión así comunitarista simple, con algunos elementos de regreso a nuestras raíces profundas, y con el uso del mercado con fines sociales. Sólo Serpa da las charlas.

  • SEGUNDO DIA
5:00-8:30 a.m.: El despertar.

Me despierta un radio a las 5:00 a.m. Me uno a la peregrinación al baño, bajan algunos rehenes del segundo piso y se genera un ambiente de coctel; algunos hablan de un compromiso de reunirnos anualmente. Veo a algunos rehenes sin zapatos. Ya nos estamos acostumbrando los unos a los otros. Intercambiamos información entre los de arriba y los de abajo. A las 5:30 a.m. un miembro del MRTA se pone duro, grita "esto no es un mercado ustedes son prisioneros vuelvan a sus lugares."

A esta altura, después de 36 horas de rehenes empezamos a sentir aburrimiento, cansancio y sueño. La tensión y el hambre nos hacen irritables.

2:00-4:00 p.m.: Llegan víveres.

La Cruz Roja nos entrega los víveres: manzanas, plátanos, pan, jamón y queso, además de botellones de agua. Nos organizamos para distribuir la comida para los dos pisos. Nunca he comido un sándwich mixto hecho por dos exministros y el gerente de un hotel de cinco estrellas. Durante la distribución de la comida nos enredamos haciendo cálculos para determinar la proporción que debe ir a cada piso y cada salón. Me impaciento un poco con uno de los miembros de mi grupo (le pedí disculpas después). Marc, el segundo de Michel Miming en la Cruz Roja, nos entrega papeles para preparar mensajes para nuestras familias. Se nos pide poner mensajes estrictamente personales y se nos advierte que van a ser leídos por el MRTA. Nos enteramos de que cortaron la luz y que desde las 2:00 p.m. estamos usando el generador.

Al anochecer, nos estamos acostumbrando a dormir como acordeones. Dormitando, entre estirar las piernas, volverlas a doblar para dormir de espaldas, y tratar de ponerme de costado para pasar la noche sin calambres, empiezo a pensar sobre cómo evitar que me ganen jugando a la psicología. Pienso cómo mantener distancia de los del MRTA, sin por eso ponerme antipático o agresivo. A veces me imagino que todo puede acabar de la peor manera, con bombas, granadas e incendios. Evito pensar en eso y suprimir esas imágenes de mi mente. Tampoco quiero pensar en mi familia demasiado. Trato de concentrarme en lo que estoy viviendo.

  • TERCER DIA
5:30-6:48 a.m.: Radioprogramas.

Me despierta la radio con noticias. Nos enteramos de que no ha cambiado mucho nuestra situación. Se informa de que el presidente Fujimori ha dejado saber que no soltará a ningún preso del MRTA. Alcanzo a ir al baño antes que se formen largas colas. Se acabó el agua.

Veo al Arabe leyendo cuidadosamente los mensajes que escribimos ayer para mandarlos con la Cruz Roja. Le digo que tiene pinta de cansado y ojeroso por pasarse la noche leyendo cartas ajenas, le pregunto si encontró algo interesante o picaresco. Me contesta que sólo está leyendo los nombres de las personas a quien van dirigidos los mensajes.

Empezamos a discutir el contenido del mensaje que vamos a poner en la ventana.

8:55-9:31 a.m. Seguridad y mensajes

Conversando en el pasillo, Serpa menciona que hubo deficiencias increíbles de seguridad en la Embajada: "Nos dimos el trabajo de buscar una ambulancia para el asalto y no hubiera sido necesaria, no había policías en la calle de atrás."

Se cuelga el primer cartel en castellano y japonés, en el cual se pide que se reestablezcan los servicios de luz y agua potable, y que ingresen periodistas de la cadena NHK a la residencia. Se pone un segundo cartel en japonés para asegurar que los periodistas podrán volver a salir.

Más adelante se colocaría un nuevo mensaje en la ventana: "Urgente que Gobierno deje pasar NHK."

5:30-6:50 p.m. Preparativos para la partida.

Seguimos sentados los 21 del subgrupo debajo de la escalera. El Arabe me dice que traiga mis cosas; me siento medio mal al ir para recoger mi saco y mi "diploma de rehén," un pedazo de la caja de cartón con botellas de agua mineral japonesa marca Fuji. Ya está claro que estoy entre los que van a salir. Algunos jóvenes que se quedan y un anciano me dan la mano y me agradecen; no veo el más mínimo trazo de envidia en sus rostros, sólo resignación y algo de esperanza. A las 5:55 se unen otras personas al grupo. Sigo resistiéndome a considerar mi salida como un hecho, pero ya es imposible el escepticismo.

Se produce la última pasada de lista; somos 38 rehenes liberados.

7:15 p.m.: Ultimos momentos.

Se termina, por fin, de pasar lista. Ya se tienen los nombres definitivos de los que vamos a ser liberados. Uno de los becarios dice que hemos tenido un "tour de turismo de aventura, por cuatro días con todo pagado, programa de reducción de peso, y de remate con estadía en territorio japonés." Serpa está parado al lado de la escalera, conversando con nosotros y sonriendo. Aprovecho para pedirle su autógrafo en mi "diploma de rehén" que tiene como título la operación del MRTA:

Pelotón de Fuerzas Especiales Edgar Sánchez. Operación Torre Condesu. Consigna "Rompiendo el silencio: el pueblo los quiere libres." Embajada del Japón, 8:00 p.m., 17 de diciembre de 1996.

La dedicatoria de Serpa es: "Para el Sr. Sagastegui, Con todo Respeto," y la del Arabe es: "Para el Sr. Sagasti, con el respeto de siempre."

Salimos al jardín de la residencia. Levanto el brazo con mi diploma frente a las cámaras. Quiero estar seguro que me vean mi esposa, mis hijos y mi familia. Llamé a mi familia desde el carro en un celular prestado para decirles que había salido de la residencia del embajador de Japón.

Sólo entonces me di cuenta de que estaba libre.