Pekín. Un famoso arqueólogo chino ha llegado a la conclusión de que el dragón, símbolo del poder imperial durante milenios, fue un tótem de las antiguas tribus animistas que asociaron la imagen de ese ser mitológico con el trueno y el relámpago.
"Al principio el dragón fue identificado con los relámpagos pero con el paso del tiempo se asoció al trueno", señaló Zhou, renombrado arqueólogo de la provincia de Hebei (centro de China), quien ha investigado durante varios años este mito.
Zhou explica que "cuando empezó a desarrollarse la agricultura a lo largo del río Yantgzé, considerado el padre de la nación al igual que el Nilo en Egipto, los antiguos adoraban al cielo y se inspiraban en la imagen del dragón en la creencia de que iba a influir para que lloviera.
"La palabra dragón, que se pronuncia long en chino, se formó con una combinación de números de los tótems sagrados de los antiguas tribus animistas", agrega Zhou, subdirector también del Departamento de la Herencia Cultural de Hebei, en declaraciones reproducidas por la agencia estatal Xinhua.
Protector de cultivos
Zhou añade que "la agricultura primitiva dependía de la lluvia y que los campesinos adoraban a los animales que vivían en el agua, como los cocodrilos, que eran considerados una reencarnación del dragón".
"Cada tribu, dependiendo de sus tradiciones, asoció a este ser mitológico con otros animales. En el centro de China, la imaginación popular creó la vaca-dragón, mientras que en las regiones del norte los pueblos adoraron a la serpiente-dragón, mito que todavía perdura en la provincia de Shanxi", subraya el especialista.
Zhou afirma que "independientemente de las variaciones, la imagen del dragón se ha transmitido de generación en generación como un símbolo de la identidad del pueblo chino".
"China es conocida como la tierra del dragón, los niños son recibidos como el hijo del dragón", explica Zhou al referirse a este animal mítico asociado en el Extremo Oriente con el poder, la fuerza, la buena fortuna y la inmortalidad.
Poder imperial
Añade Zhou que "durante miles de años los emperadores chinos se proclamaron Hijo del Dragón , título que les servía para imponer al pueblo su autoridad suprema".
El estudio de Zhou se hace público diez días después de que concluyera en China el Año del Dragón, el más prometedor de los doce animales que forman parte del calendario lunar, y diera paso al Año de la Serpiente, a la que se considera pariente del primero.
Según la mitología oriental, el calendario lunar chino tuvo su origen en la llamada que hizo Buda (siglo VI d. C.) para despedirse de todos los animales de la Tierra cuando estaba a punto de morir en un pequeño bosque de Kunishagara, situado en las faldas de la cordillera de los Himalayas.
El primero que llegó fue la rata, que tras recorrer un largo camino a lomos de una vaca saltó a los pies del Iluminado para rendirle pleitesía. Después vinieron, por este orden, la vaca, el tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, el caballo, la cabra, el mono, el gallo, el perro y el cerdo.
Como premio, dicen las leyendas, Buda les inmortalizó concediéndoles el honor de regir con sus nombres el tiempo, turnándose en ciclos de 12 años.
De todos estos animales, el dragón es el único que es obra de la ficción, es decir, no existe y por eso mismo su origen misterioso lo convierte en el más atractivo de todos.
Los antiguos textos dicen también que el universo tiene cuatro puertas: la del norte está guardada por el dragón; la del sur, por el tigre; la del este, por el ave fénix y la del oeste, por la tortuga, todos ellos símbolo de la inmortalidad y de encuentro con los dioses.