Es muy probable que don José Joaquín Vargas Calvo ya sospechara cuánto iba a extrañar a su familia y a su tierra mientras escuchaba la misa de las 6 de la mañana en la iglesia de La Soledad, el 30 de diciembre de 1905.
En el viaje de casi tres meses a Estados Unidos y Europa cumpliría todas sus obligaciones y hasta dejaría lista su famosa edición de Cantos Escolares (de varios autores costarricenses) que se imprimió en París.
Para no olvidar lo observado de las lecciones de música en los diferentes países, dejar constancia de las peripecias del viaje y recordar frecuentemente a su amada familia, el educador llevó consigo un diario.
El documento ha sido rescatado por uno de sus nietos, don Roberto Vargas Dengo. A continuación podrá leer algunas de sus secciones, y en la edición digital de La Nación podrá consultar el diario completo de este famoso educador musical que murió hace 50 años.
31 de diciembre de 1905.
Salí de San José (ayer) en tren de 9:35. (...) Almorcé en Cartago. (...) Lo primero que hice (a bordo del vapor Hamburguess American Atlas ) fue tocar piano. (...) Comí muy bien y me sentí muy bien, como siempre que he navegado. De modo que después de 14 años de buen trabajar, el 31 de diciembre de 1905 a la 1 p. m. dejé Costa Rica y con ella mi cariño todo.
1 de enero de 1906.
Esperamos a bordo las 12 de la noche para saludar el año nuevo: yo toqué piano y a la hora justa los himnos alemán y de Costa Rica. (...) En la noche estuve muy triste, con fuerte nostalgia.
5 de enero de 1906.
Hoy tuvimos un magnífico espectáculo: como a las 2 p. m. a todo sol se vieron venir ocho buques que luego, al pasar cerca, resultaron ser de la escudera de guerra americana.
Fue una cosa extraordinariamente hermosa e imponente que me impresionó mucho. Ocho inmensos vapores, dos con tres chimeneas, y los demás con dos, y con grandes cañones.
11 de enero de 1906.
En la noche fui con (Alejandro) Monestel al Metropolitan Opera House a la ópera La Africana, con (Enrico) Caruso. La orquesta me impresionó mucho: como 60 músicos: 6 contrabajos, 20 violines primeros y segundos. Caruso muy aplaudido. Una voz muy bien timbrada, dulce, natural, y muy pareja.
22 de enero de 1906.
Presencié clase de canto en Western High School (en Washington) a las 9 a. m. Estaban reunidos en el salón principal, muy grande, con tarima y piano de cola y abajo asientos numerados como teatro. La escuela tiene más de 400 alumnos de ambos sexos. (...) Cantaron himnos a cuatro voces dirigidos por la maestra y otro acompañado al piano. (...) Todas las maestras, mujeres.
23 de enero de 1906.
Visité solo la Escuela Pública de New York, No. 59, 228 calle 57 E. (...) Estuve viendo clase de Ejercicios Físicos que da cada maestra en su clase para que los niños no se cansen de estar sentados. (...) Le dan mucha importancia a ejercicios de pulmones, aspirar y respirar aire. (...) Oí cantar varias canciones fáciles.
25 de enero de 1906.
Este día lo dediqué a escoger música en el almacén de Schirmer, 35 Union Square (...). Encontré un surtido de canciones españolas y mexicanas y escogí bastantes. También compré varias piezas fáciles de piano a dos y cuatro manos, varias misas cortas y cantos sagrados como Ave Marías, etc.
30 de enero de 1906.
Hoy hace un mes completo que salí de San José. Se me ha hecho larguísimo y creo más largo se me hará lo que me falta para volver otra vez a mi querido rinconcito y estar otra vez con las personas queridas que tanta falta me hacen.
31 de enero de 1906.
( Rumbo a París ) Poco aseo hay en este vapor. Los camarotes sucios y con mal olor. (...) Mucha incomodidad. Sobre cubierta apenas un pedacito estrecho para tanto pasajero de segunda. (...) En mi mesa hay una vieja que habla como una cotorra y le da por enseñar francés a los americanos, lo que es una verdadera lata a las horas de comida.
3 de febrero de 1906.
Este día ha sido horrible. El mar bravísimo y el vapor se va de medio lado con cada oleaje. Sobre la cubierta llevamos varios baños de olas (...). Este día fue fatal y, para mí, el peor que he tenido en todos mis viajes. Me acosté a las 12 y muchos no se acostaron. No se podía dormir por el movimiento del vapor y ruido.
8 de febrero de 1906.
Opina el Sr. (Manuel María) Peralta (ministro de Costa Rica en Francia) que es imposible que yo vuelva en marzo a C.R., lo mismo que me dijo Álvarez: pero yo iré en marzo: ¡no me aguanto más! ¡Aún en medio de las grandezas y encantos de estos grandes países, me domina el deseo de volver a mi tierra, a mi hogar, a mi escuelita! Si no fuera por esa voz que me dice “sé fuerte”, ya me hubiera ido sin cumplir mis encargos.¡Paciencia!
8 de febrero de 1906.
Se realizó uno de mis más ardientes deseos: ¡ver el Fausto en la gran ópera de París!
10 de febrero de 1906.
( En el zoológico ). Me daba envidia de ver a muchos papasitos paseando a sus chiquitos en elefante y en camello, ¡y los míos, mis queridísimos muchachitos, tan lejos de mí!
17 de febrero de 1906.
Los cantos escolares me están dando un gran trabajo, porque hay varios míos que traje en borrador, y sin acompañamiento. Como no hay piano para probar, tengo que esforzar más el entendimiento para meditar bien lo que escribo.
20 de febrero de 1906.
( En la Gran Ópera, al ver ‘La Valkiria’ ) Si uno va al excusado, hay una vieja que hay que pagarle por orinar, y para esto tienen un pichelito de porcelana lo más divertido. Todo esto me parece muy ridículo: no me gusta París por muchas majaderías que hay. Son más prácticos los americanos en todo.
5 de marzo de 1906.
( En Alemania ) Tuve la dicha de ver Tanhauser (Tannhäuser), con una muy buena soprano. Se me cumplió mi ilusión de ver una ópera de Wagner en Alemania.
8 de marzo de 1906.
Me costó dormirme por el frío. Es terrible y casi no lo resisto: me dio mucha convulsión nerviosa.
12 de marzo de 1906.
( En Milán ). Me fui a la ópera, daban Aida, tuve suerte. La representación magnífica, sobre todo el final del segundo acto, con tantísima gente que se llenó el escenario que es muy grande. (...)
Lo que noté en el público fue poca cultura: hacen mucho ruido, entran después de principiado el acto, aplauden antes de terminar la frase (...) Se me cumplió también el deseo de ver una ópera de Verdi en Milán.
16 de marzo de 1906.
( En Barcelona ) Por la noche fui solo a un concierto del Orfeó Catalá , muy bueno. Tiene como 150 voces entre hombres, mujeres y niños. Cantan preciosos coros sin acompañamiento (...). Es lo mejor que he oído en concierto coral.
24 de marzo de 1906.
( De nuevo en París ) Fui a misa a la iglesia Notre Dame de París (...). También cantan todos los que quieren del público, lo mismo que se canta en el coro, pero algunos lo hacen tan mal que valdría más callarse. (...) Lo que sí es verdaderamente ridículo es que le den al latín la pronunciación francesa, resulta horrible e incomprensible, todas las “u” pronunciadas como en francés.
Es increíble que el Papa no haya tratado de exigir que en todas partes se pronuncie el latín como debe ser.
27 de marzo de 1906.
A las 9:50 a. m. salió el tren. ¡Adiós París! No me duele dejarte! Al contrario, salgo feliz porque voy a mi tierra! ¡Adiós París, (...) ya no te deseo! ¡Más deseo mi San José!
5 de abril de 1906.
Después de mi viaje a Europa, más admiro y quiero a este gran país de EE. UU. Hay muchas cosas mejores que en Europa (...).
18 de abril de 1906.
Como a las 7:30 p. m. se vieron las luces de Limón (...). Al amanecer ya pronto vendrá la visita e iremos a tierra. Oh contentera. Última noche fuera de mi casa! ¡Mañana, feliz!