Nació 1909
Murió 1943
Profesión: escritora
Nacionalidad: francesa
Los ensayos de esta sobresaliente pensadora Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, La espera en Dios y La pesadez y la gracia, con gran fidelidad ponen de manifiesto sus variadas experiencias vitales y los distintos derroteros que llevó su vida, siempre animada por una profunda vocación de servicio a sus semejantes. La primera de estas obras es un estudio de las condiciones del trabajo en su época; en las otras, de inspiración mística, cristiana e hindú, se evidencia el afán de absoluto que experimentaba su alma.

Nació en París, en el seno de una acaudalada familia de origen israelita. Recibió una primera formación totalmente agnóstica. De inteligencia precoz, fue aventajada estudiante del liceo Victor Duruy, siguió un curso de Filosofía con La Senne y pasó al liceo Henry IV, donde fue alumna de Alain. Admitida en 1928 en la Escuela Normal Superior, se apasionó por el pensamiento griego, las ideas de Marx y el sindicalismo revolucionario, aunque desconfiando del estatismo soviético y de los comunistas ortodoxos.
Profesora de Filosofía en el liceo de Puy en 1931 y después en el de Auxerre, fundó un círculo de estudios al que cedió todo su sueldo, reservándose para vivir cinco francos diarios, que era el subsidio asignado a los obreros sin trabajo.
De acuerdo con su pensamiento de entonces, el enemigo capital no era ya solamente el fascismo, sino también el aparato administrativo, policíaco y militar. Interpretando que solo podía conocerse la miseria a través de una experiencia personal, renunció a los privilegios y comodidades inherentes a su condición de intelectual y en 1934, para apuntalar su pensamiento y su acción de militante revolucionaria, ingresó como obrera en la fábrica Renault, donde trabajó penosamente manejando prensas y taladros.
Con la salud arruinada, en 1935 hubo de abandonar los talleres. Su diario y las cartas que escribió en esa época fueron publicados en el tomo La condición obrera. Sin renunciar a la pobreza voluntariamente impuesta, retornó a la docencia en Bourges. Cuando estalló la guerra civil en España se trasladó a Barcelona, donde comprobó con espanto hasta qué punto el gusto del homicidio por sí mismo puede despertarse en el hombre civilizado.
La visita a Asís que efectuó en 1937 conmocionó su alma, y la Semana Santa de 1938 pasada en Solesmes confirmó su encuentro con Dios: Cristo en persona descendió y me tomó, consignó en su diario, y los Evangelios pasaron a ser su libro de cabecera; pero no se adhirió a ninguna Iglesia.
Cuando los alemanes entraron a París se estableció en Marsella, donde fue notificada de que había sido despojada de sus bienes familiares. Continuó su evolución religiosa y su meditación espiritual, viajó a Estados Unidos en 1942 y luego a Inglaterra.
Con la salud muy quebrantada por las restricciones que voluntariamente se imponía, falleció en Londres. M. Mourre dice: "En sus contradicciones, en el inaudito ejemplo de santidad laica que nos ha dejado, Simone Weil es la más alta encarnación de la añoranza religiosa de la humanidad de nuestro tiempo".