Salvador Díaz Mirón Nació: 1853 Murió: 1928 Profesión: poeta, periodista y político Nacionalidad: mexicana
En el ámbito literario hispanoamericano, a Salvador Díaz Mirón se le considera el precursor del modernismo. Su influencia está presente en autores tan importantes para las letras de nuestro continente como Rubén Darío y José Santos Chocano; en Costa Rica, don Abelardo Bonilla Baldares considera que la producción lírica de este poeta constituyó el mayor influjo sobre la primeras composiciones de Lisímaco Chavarría.
Díaz Mirón poseyó vastísima cultura y supo ponerla al servicio de una inspiración poética extraordinaria. Su vida se distinguió por el valor, la inteligencia y la actividad incansable con que defendió y sostuvo los ideales que estimó nobles y elevados. "Altivo y solitario, sufrió prisiones y destierros por su viril actuación política, y desde la tribuna parlamentaria combatió con verbo fogoso y elocuente la tiranía y la injusticia. Si conoció días de gloria y esplendor, soportó, indomable, épocas de amargura e infortunio", dice uno de sus biógrafos.
Nació en Veracruz. Hijo de un poeta, siguió cursos de Letras y se graduó de profesor. Rebelde por temperamento, sirvió a la dictadura de Porfirio Díaz como diputado, y a la de Victoriano Huerta como director del periódico El Imparcial. "Supo de las amarguras de la cárcel y del destierro; clamó contra las tiranías en defensa de los derechos humanos, pero dio muerte a Federico Walter en 1892, atentó contra Juan Chapital, y llegó a las manos con un alumno", narra José Sapiña describiendo su temperamento.
Integrante de la generación formada en torno a Justo Sierra, recibió el influjo de la literatura francesa y cultivó una lírica de concisa plasticidad y realismo. Tras una primera etapa romántica, ejemplificada en el volumen de Poesías de 1886, fue depurando su arte y sometiendo a leyes su lenguaje, con una rigurosa técnica centrada en la unidad rítmica del verso. A sus primeras producciones, de fuerza deslumbradora, pertenecen la Oda a Víctor Hugo, Sursum y A Gloria. Es en esta fase de precursor del modernismo cuando su obra influye más poderosamente en las letras iberoamericanas.
En la segunda época, "no satisfecho con la labor realizada, intenta superarse, violenta su potencia creadora y atormenta su estilo vibrante, para lograr la pureza absoluta de la forma, la serenidad del ritmo y la belleza perenne de la expresión poética". Sapiña añade: "¿Era el hombre que se rebelaba contra el artista, o el artista, en toda su extensión humana, quien se rebelaba contra el hombre? Porque el hombre, sacudido por la violencia de sus pasiones, fue un extraordinario artista." A esta segunda etapa corresponden Lascas (el único de sus libros de que se enorgullecía), Astillas y Triunfos, estos dos últimos publicados póstumamente. Sus Poesías completas vieron la luz en 1941. Otras de sus composiciones son Epístolas, Voces interiores, Espinelas, Oración del preso,
El fantasma, Vigilia y sueño y Pepilla.