Nació
1775
Murió
1817
Profesión:
escritora
Nacionalidad:
inglesa
Las seis novelas escritas por esta autora -de las cuales probablemente la más célebre es Orgullo y prejuicio- poseen una construcción técnica impecable, sereno humor y excelente estudio de caracteres y análisis de sentimientos; se las reconoce actualmente como clásicas en su género. A pesar de que todas ellas aparecieron sin su nombre, la reputación de la Austen ha ido creciendo con el transcurso de los años. Su biógrafo dice: "Su humor, sus dotes de escritora y de psicóloga, y ese arte de sugerir todo lo que no se dice, le han valido fanáticos admiradores."
Nació en Steventon, Hampshire. Soltera e hija de un clérigo rural, pasó toda su vida en el reducido círculo de su familia y amistades; fue la última de cinco hermanos, y desde muy joven tuvo bajo su cuidado la crianza de once sobrinos. Uno de ellos, James E. Austen-Leigh, quien fue su primer biógrafo, cuenta: "Es sorprendente cómo pudo escribir sus novelas, ya que no había en casa un gabinete donde pudiera retirarse sola, y gran parte de su obra tuvo que realizarse en la sala común, a merced de todo género de interrupciones..."
Sus obras, los mejores y más antiguos ejemplos de la novela costumbrista inglesa, reflejan con ironía y minuciosidad en la descripción de caracteres, la vida provinciana de la alta burguesía a que perteneció. Su primer trabajo literario serio fue un relato en forma epistolar que comenzó a escribir cuando tenía 17 años. En 1797 terminó Orgullo y prejuicio, obra que fue ofrecida a un editor de Londres, quien la rechazó. En 1798 comenzó a trabajar en el primer esbozo de la que más tarde habría de publicarse con el título de La Abadía de Northanger. Su primer libro publicado fue Juicio y sentimiento. Otros de sus títulos son En el Parque Mansfield, Emma, Lady Susan y Persuasión.
Por razones de salud -padecía de tuberculosis-, en 1817 trasladó su residencia a Winchester; allí falleció.
La intención de sus obras, como la de los grandes novelistas del siglo XVIII, es moralista. La actitud de la autora ante la vida, en la medida en que esta se refleja en sus novelas, es eminentemente realista; pocos escritores han sabido como ella imponer de manera tan estricta a su producción, los límites de su propia experiencia. Esto hasta el punto de que, como ha sido observado por muchos críticos, en sus novelas no hay ningún diálogo entre hombres solos, pues se trata de un tipo de escena de la que ella nunca fue testigo. "El imponerse tales limitaciones en los temas y en el ambiente social, e incluso geográfico, es precisamente lo que ha permitido a Jane retratar a sus personajes y a la sociedad que estos constituyen con trazos tan minuciosos y nítidos..", dice P. Shaw Fairman; y añade: "Pero si bien es verdad que ella se ocupa en sus novelas de una determinada sociedad en un momento histórico determinado, no es menos cierto que los defectos y las debilidades sacados a la luz por su aguda observación crítica se dan en todos los tiempos y en todas las capas sociales, y sus novelas se ven así dotadas de una universalidad comparable a las de Fielding."