Nació: 1079
Murió: 1142
Profesión: teólogo y filósofo
Nacionalidad: francesa
A Abelardo se lo considera el más ilustre y osado teólogo y filósofo del siglo XII. La agitación doctrinal por él promovida tuvo una repercusión revolucionara en el ámbito de la enseñanza, ya que por vez primera en la historia se rompieron los moldes de la vieja escuela platónica, y convivieron en la misma institución cultural dos escuelas antagónica. Así dio vida a la Universidad. Son muy famosos -y él mismo los narra en su libro Historia calamitatum-, sus amores con Eloísa, quien fue su discípula, su amante y después -mediante matrimonio secreto- su esposa, ya que el canónigo Fulbert, tío de ella, los castigó pagando a unos sicarios para que castraran a Abelardo; poco después, él profesó en la abadía de Saint Denis, mientras Eloísa tomó voluntariamente el velo en el monasterio de Argenteuil. El Epistolario a que dio lugar este trágico amor, constituye una obra maestra de la literatura sentimental.

Nació en Pallet, cerca de Nantes, en familia de la nobleza media. Desde muy joven sobresalió como excelente estudiante y como gran profesor, haciéndose famoso por su lenguaje claro y sus conceptos nuevos. Llevó a cabo estudios de Letras, y en poco tiempo pasó a ser uno de los más inquietos y exigentes investigadores de la verdad. Fueron sus maestros, primero Roscellin; luego, en París, Guillermo de Champeaux; más tarde (tras un periodo de descanso al que se vio obligado con motivo de un gran agotamiento nervioso), Anselmo de Laon, de quien dijo después de haber asistido a sus clases de teología, que encendia fuego y, en vez de iluminar la casa, la llenaba de humo. Como pensador, fue émulo de todos sus profesores, y sufrió su hostilidad y persecución.
Desde que llegó a París en calidad de estudiante se enfrentó a los maestros. Sus esfuerzos por conseguir una cátedra resultaron inútiles. Todos los medios le parecieron entonces buenos para propagar sus enseñanzas, y su popularidad entre los alumnos fue enorme. Obligado a abandonar la tierra de París, disertaba desde un árbol. Forzado por las autoridades a dejar tal cátedra, la estableció en una barca, en medio del Sena; pero también hubo de abandonarla. Pasó entonces a la orilla izquierda del río, fuera de la jurisdicción del obispo de París, y enseñó con gran éxito desde 1108, en la escuela de Santa Genoveva. De 1113 a 1118 pudo sentar cátedra en la escuela catedralicia de la capital francesa.
Su filosofía, llamada conceptualista, proclama el predominio de la ciencia y la razón sobre la fe. Fue declarado herético por los Concilios de Soissons y de Sens. A la primera condena, en 1121, respondió, a modo de reto, con la fundación de un oratorio dedicado al Espíritu Santo (el Paráclito), declarando así el derecho del hombre a la libertad de pensamiento. Tras haber abjurado de sus errores, cuando se encaminaba a Roma para rogar la absolución del Papa, lo sorprendió la muerte en el convento de Chalons. Su obra más importante es Sic et non.
Abelardo fue el primero que sacó la teología del círculo cerrado de la tradición y la encaminó hacia nuevas formas de estudio; estas se afirmaron en el siglo siguiente y tuvieron como maestro excelso a Santo Tomás de Aquino.