
Víctor Fernández G.
En la época en que la cartelera de espectáculos local la copaban nombres como Otto Vargas, Hernán Sánchez, Jorge del Castillo y Los Hicsos apareció un anuncio que dejó a todo el mundo con el pelo parado: la Santana Band venía a Costa Rica.
El sábado 29 de setiembre de 1973 la juventud tica estuvo lo más cerca posible de experimentar lo que cuatro años atrás pasó en el festival de Woodstock, cuando uno de los referentes por excelencia de esa cita decidió tocar aquí, a pesar de que Tiquicia estaba fuera de la ruta de las estrellas del rock.
Faltaban algunos años aún para que la cultura hippie perdiera protagonismo frente a las lentejuelas del disco, por lo que la noticia de que Santana venía causó furor entre los adolescentes de entonces, los mismos que ahora se preparan para volver a escuchar al guitarrista el próximo miércoles, ahora acompañados de sus hijos.
Caro. A los más jóvenes les causarán risa los precios que en el 73 se cobraron para ver a Santana, pero lo cierto es que muchos fueron los fiebres que debieron escuchar el concierto desde afuera del Gimnasio Nacional por falta de plata.
Según La Nación , del 22 de setiembre de ese año, los boletos tenían un costo de ¢59 en área general; ¢114 butacas laterales y ¢130 en la zona de la cancha. Hágase una idea de cómo nos hemos devaluado que para la próxima semana la entrada más barata se vende a ¢5.500.
Igualmente llamativos fueron los anuncios en los la desaparecida disquera CBS Indica -hoy Sony BMG- le pedía al público que fuer a a recibir al aeropuerto Juan Santamaría al artista, cuando hoy las celebridades prefieren entrar al país del modo más discreto posible.
En la crónica publicada por este periódico el 1° de octubre de ese año, José A. Cordero II cuenta que solo unas 2.000 personas entraron al gimnasio y que ante la falta de público el percusionista nicaragüense Chepito Areas le pidió a la gente de las graderías que bajara a la cancha, lo que provocó un desorden solo comparable con el caos armado afuera del recinto por los que no pudieron entrar. El músico pinolero tampoco lo pensó para tocar un par de temas junto a l telonero Guarajeo, grupo integrado por los aún activos Hermanos Vargas.
Lejos estaba la joven audiencia de saber que aquel fue uno de los últimos conciertos de la Santana Band, antes de que Carlos asumiera por completo el protagonismo. Pero esa es otra historia.