Ciudad del Vaticano, 3 abr (EFE).- Decenas de miles de personas aclamaron hoy en la Plaza de San Pedro al Papa Wojtyla, fallecido el sábado tras 26 años de pontificado, mientras los miembros de la Curia romana y del Cuerpo Diplomático desfilaban ante su cuerpo sin vida.
El cardenal Sodano, en la primera misa solemne oficiada por su alma ante 130.000 fieles, le llamó "Juan Pablo II el Grande" y rápidamente hicieron suyo ese magnánimo adjetivo gobernantes y ciudadanos de a pié de los cinco continentes.
Los asistentes a la celebración litúrgica de este domingo de la Divina Misericordia, cubierto de nubes en Roma, aplaudieron repetidamente cada vez que se nombraba al Papa ausente.
Esos aplausos se convirtieron en aclamación cuando el arzobispo argentino Leonardo Sandri leyó, tras el rezo del Regina Coeli con el que concluyó la ceremonia, un texto del propio Juan Pablo II escrito para la festividad de hoy.
El Papa que vino del Este fue fiel a sí mismo en su último mensaje y clamó por el triunfo del amor para llevar "la paz a una humanidad que parece perdida y dominada por el poder del mal, el egoísmo y el miedo".
Las decenas de miles de asistentes a la primera misa por el alma del Pontífice polaco, muerto a los 84 años tras 48 horas de agonía, siguieron el rito religioso con fervor y se emocionaron, como lo hicieron aquellos que le vieron de cerca, ya amortajado.
En la capilla Clementina del Palacio Apostólico se cumplió la primera estación de las exequias con el Papa Wojtyla yacente sobre un catafalco para que los purpurados y, por primera vez, las autoridades italianas y el Cuerpo Diplomático le rindieran tributo.
Allí estuvo el vaticanista de la Agencia EFE que relató las señales de sufrimiento de los últimos meses que se podían aparecía en el rostro del Papa, que aparecía, sin embargo, sereno, y las manos blanquísimas que estrechaban un rosario.
Juan Pablo II vestía los hábitos pontificales: sotana blanca y casulla roja, sobre la que le fue colocado el "palio" -la estola de lana blanca con cruces negras signo litúrgico de honor y jurisdicción-. Sobre la cabeza, la mitra y apoyado a su cuerpo, el báculo.
Delante del catafalco desfilaron, con la televisión también por vez primera como testigo, purpurados, políticos y diplomáticos, después de que el Camarlengo, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo -que en este período se encarga de la custodia y gestión de los bienes de la Sede Vacante-, bendijera el cadáver al final de un responso.
El portavoz del Vaticano, Joaquín Navaro Valls, informaba, entre tanto, de que la capilla ardiente con los restos mortales de Juan Pablo II se abrirá mañana, lunes, a las 17.00 hora local (15.00 GMT) en la Basílica de San Pedro.
Los fieles, que hoy siguieron afluyendo masivamente a la Plaza de San Pedro, le podrán rendir su último homenaje durante los tres días en los que permanecerá expuesto su cadáver, antes de que se celebren los funerales.
Para mañana está convocada la primera reunión de la congregación de cardenales para decidir los detalles de esas honras fúnebres, que podría celebrarse el próximo viernes, con la asistencia de gobernantes de todo el mundo.
Los cardenales también abrirán mañana, presumiblemente, el testamento del papa fallecido, en el que debe constar su voluntad de donde quiso ser enterrado, si en el Vaticano, como parece más probable, o en Cracovia, en su Polonia natal, de donde fue arzobispo.
El Gobierno italiano, en plena jornada electoral marcada por la muerte del Sumo Pontífice, se reunió en Consejo de ministros para nombrar coordinador de los preparativos de los acontecimientos que se avecinan al responsable de Protección Civil, Guido Bertolaso.
Según las primeras estimaciones, se prevé que lleguen a Roma en las próximas fechas unos dos millones de personas, por lo que ya se ha puesto en marcha un operativo que incluye medidas de seguridad y la habilitación de centros de atención.
Quienes siguieron llegando hoy a la capital italiana fueron los cardenales que participarán en el cónclave (a partir del día 17), entre ellos el chileno Jorge Arturo Medina Estévez, encargado de anunciar al mundo el nombre del nuevo Papa como protodiácono de la Iglesia Católica.
El cardenal Medina, dijo a su llegada que Juan Pablo II ha sido "un Papa Magno, un gran maestro de la fe y un gran pastor", palabras repetidas por personalidades de todo el mundo, donde se sucedieron las misas y los homenajes al Pontífice fallecido. EFE
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