Ese placer de fumarse un puro está intrínsecamente ligado a Cuba. Los buenos fumadores saben que, si quieren darse un buen gusto, tienen que inhalar el humo de un puro de allá.
Benigno Aronte Millo mejor conocido como don Benigno fabrica de esos puros. Lógicamente, él es de Cuba, pero sus habanos nacen aquí, en Pavas, en un pequeño y artesanal taller en donde solo meten mano él y su esposa Yamile Segundo, también cubana.
La vida de Benigno en Costa Rica empezó hace poco m¥ás de un año, cuando decidió venirse de la isla con poqu¥ísimo equipaje. Como buen fumador, traía entre la maleta unas cuantas libras de hojas de tabaco para satisfacer su refinado gusto. ¿Cómo fumarse un puro que no fuera de los suyos?
Al poco tiempo de estar aquí, conoció a Manolo de Oña, otro buen fumador, y le regaló uno de los habamos hechos para su uso personal, sin herramientas ni comodidades, y le encantó.
Así se fue "regando la bola" y empezaron a pedirle sus creaciones varias personas, entre ellas Rodrigo de Bedut, Sebastián Tena y su mejor cliente: Hermes Navarro.
Poco a poco, el negocio fue tomando forma, y Benigno se trajo entonces a su esposa y a sus dos hijos: Yaylin y Andrés. "Y aquí dice sin quitarse nunca el puro de la boca nos sentimos como en casa".
Ya tiene montado su taller, donde produce unos 200 puros diarios, y espera consolidarse, incluso internacionalmente, como productor de "habanos costarricenses".
Hijo del tabaco
Pero, aunque es poco lo que tiene Benigno de hacer puros en Costa Rica, este hombre nació en cuna forrada de tabaco.
En su provincia natal, Pinar del Río, todo el mundo tiene que ver con el tabaco: o lo cultivan o fabrican puros.
La familia de Benigno no es diferente. De generación en generación se han pasado los secretos de cómo hacer puros de calidad. De los 14 hijos de su abuelo, todos se dedicaron a lo mismo. "Yo crecí y me eduqué en ese ambiente de los tabaqueros", explica.
Desde los diez años, Benigno enrolaba; ahora, a los 45, sigue en lo mismo. Su esposa naci¥ó también allá, en una de las mejores regiones del mundo para el cultivo de tabaco. No aprendió de niña, pero, para ayudar a su esposo, se fue metiendo en la cosa. Ahora es la mano derecha de Benigno en el taller. Ella se encarga de dar el toque final (de vestir) a cada uno de los puros que sale de las manos de su marido.
El hijo de ambos, Andrés, de ocho años, parece que va por el mismo camino pues ya travesea con las hojas e imita todos los movimientos de su padre cuando este hace los habanos.
Más de una cosa
En esto de los puros, comenta Benigno, influyen muchos factores. Para hacer un buen puro, lógicamente, la calidad de las hojas es fundamental; pero no solo eso.
Cuenta el experto que, en la producción de buen tabaco, entran en juego desde la altura del suelo, el viento, la humedad, las lluvias, el hecho de que el suelo sea arenoso, y muchos detalles más,
Para llegar a enrolar un puro, a veces es necesario esperar varios años pues las hojas más fuertes (las que envuelven el tabaco) tardan hasta dos años en estar en buenas condiciones. Además, las hojas deben plancharse, humedecerse, despabilarse y más y más.
Un buen habano está hecho con cinco tipos diferentes de hojas: unas para dar la fortaleza, otras para el aroma, otras más para la combustión, algunas para envolver la tripa (el rollo de hojas), y las últimas para vestir el habano.
Para un neófito, lo que se ve es eso: una hoja de tabaco; pero los conocedores perciben la diferencia con solo tocarlas.
Por otra parte, van acomodadas de cierta forma a fin de que el puro se queme parejo, lo que es una prueba de su calidad.
Tampoco son iguales todos los puros: hay unos delgados, otros gordos, pequeños y grandes, de sabor y aroma fuerte o más suave... Los fumadores expertos cultivan el gusto por alguno de ellos y pagan lo que sea para conseguirlos, y Benigno hace de todos los tipos y en forma completamente artesanal.
Dicen que fumarse un puro sirve para meditar, que desestresa, que es riquísimo, que aclara las ideas... Lo cierto es que quienes fuman puros son fanáticos de esto.
Y cuando le decimos a Benigno que mucha gente se queja del mal olor si alguien anda con un puro encedido, se defiende y asegura que los buenos puros huelen bien.
Benigno tiene planes de desarrollar su negocio en grande. En estos momentos ha abierto el taller para que lo visiten los turistas interesados en conocer la forma en que se hacen los puros. Su produccción es pequeña y muy selecta.
Benegno vende en el extranjero, pero por pedidos especiales e individuales, y se enorgullece en decir que todos sus cigarros dicen: "Hecho en Costa Rica". También prepara cajas de puros personalizados que llevan el nombre del cliente en los sellos.
Bueno, y ¿qué clase de puros fuma Bengino? "Fumo de todo. Depende de la hora", confiesa; pero su esposa aclara que le gusta más el puro mediano, el que se llama "de corona gorda" y que es de fortaleza mediana. Pasa todo el d¥ía fumando, por placer y por trabajo pues él tiene que probar la calidad de cada remesa que hace.
¿Una receta para comprar bueno puros? A esto contesta Benigno que no se puede conseguir un buen puro por menos de $5 (unos ¢1.800). Si lo ofrecen más baratos, hay que sospechar que no es buen tabaco. De los suyos hay de varios precios, según la variedad, pero pueden conseguirse cajas con valores entre $30 y $300 (entre ¢10.000 y ¢100.000).
Y sus puros tienen un sello que dice: "Don Benigno". Aquel..., el cubano de los puros.