Manuel Obregón (San José, 1961) no es un músico cualquiera. Este pianista y compositor está comprometido con su tiempo. Su evolución se aprecia en los cuatro discos que ha grabado. Toca de todo, con casi todos y en casi cualquier lugar. Lo cierto es que, ya sea vestido con jeans en un bar o de etiqueta en la soledad del escenario de un teatro, Obregón sigue siendo íntimamente el mismo: "Me gusta tocar. Realmente me da lo mismo hacerlo en un bar, una iglesia o un teatro. Creo que lo importante para cualquier artista es que se den las condiciones mínimas para que el mensaje llegue claro".
Obregón tiene un currículum al alcance sólo del talento. Varios años de estudios en Europa acabaron por forjar su educación clásica, y la curiosidad innata a todo músico inquieto lo llevó al jazz.

Ahora, su más inmediato reto se llama Agustín Barrios (Paraguay, 1885; El Salvador, 1944), conocido también como Nitsuga Mangoré. El autor de La catedral, obra de tres movimientos, está considerado el concertista de guitarra más importante de este siglo, además de un gran conocedor del foclor y los ritmos indoamericanos. Manuel Obregón ha realizado las transcripciones y variaciones para piano, que presentará el próximo martes en el Teatro Nacional en un recital con alma de guitarra que promete mucha pasión pianística.
Así es desde que tocó un teclado por primera vez a la edad de siete años.
¿Sabría usted vivir sin piano?
-Mi relación con el piano es de casualidad. En casa había uno... La comunicación es buena, pero prefiero tocar el piano a hablar. La música me permite evitar los malos entendidos de las conversaciones.
-Hábleme de Agustín Barrios Mangoré. ¿Cómo lo descubrió?
-Mangoré es un contemporáneo de Chopin. Él escribió música sólo para guitarra. Para mí es el compositor latinoamericano más importante porque en su obra resume la esencia de América. Fue un gran conocedor del continente pues sus giras duraban años. Tocó en el Teatro Nacional en 1933. Era un gran improvisador, que es la faceta que quiero retomar. En las transcripciones para piano que he hecho miro hacia una fusión con la música mesoamericana y latinoamericana fusionada, a su vez, con el jazz, no con el latin jazz cubano.
¿Qué le sedujo de su obra?
-Creo que mi acercamiento a Mangoré es bastante irracional. Siento cierto paralelismo entre lo que él encontró como compositor y lo que yo estoy buscando. La primera vez que lo oí sentí un gran amor por América y lo que ello significa.
¿Qué posibilidades ofrece la guitarra transcrita para piano?
-Elementos tan característicos de la guitarra como el trémolo, los armónicos o los rasgueos no los trato de imitar sino de seguir. Mi intención es respetar una obra de guitarra interpretada al piano, lo que ofrece otras posibilidades. No conozco ningún caso anterior, pero sí muchos a la inversa, debido a que la guitarra tiene una historia muy reciente; en cambio, el piano viene de más atrás. Precisamente Mangoré y Andrés Segovia, en el primer tercio de este siglo, le dan el rango de instrumento de concierto. Hasta entonces la guitarra sólo acompañaba; por eso hay tanto repertorio de piano y tan poco de guitarra.
¿Tocaría piano a dúo? De ser así, ¿con quién?
-Sí, ya lo he hecho. Fue con Josep Maria Balanyà en 1994 aquí, en el Centro Cultural Español. Puesto en lo utópico escogería al brasileño Egberto Gismonti.
¿Cuáles son sus proyectos inmediatos?
-Voy a grabar en compacto las transcripciones y variaciones de Mangoré. También estoy gestionando una gira por el área y paralelamente otra de investigación de música centroamericana. Quiero incursionar en las raíces que considero propias, las que me son más cercanas para adentrarme en mí mismo, en mi propia esencia en busca de lo que llamo "música natural".
Muy personal
- ¿Un nombre de mujer? Mejor dos: Amanda y Jimena (sus hijas).
- ¿Un concierto de grata memoria? El de los Rolling Stones, en Madrid, en junio de 1982.
- ¿En qué emplea sus horas de ocio? En pensar y en amar.
- ¿Un libro magnífico? Hojas de hierba, de Walt Whitman.
- ¿Una situación incómoda? Un temblor cuando uno está en el baño.
- ¿Qué no volvería a repetir? Nada. Creo que todo lo volvería a hacer.
- ¿Un escenario en el que le gustaría tocar? En la Luna [muy seguro].
- ¿Qué le enseñó Paco de Lucía? Intensidad [lo expresa con devoción].
- ¿Una afición? El silencio.
- ¿Por qué actúa con los pies descalzos? Para sentir el contacto con la tierra.