El 25 de diciembre de 1977 falleció, en Suiza, Charles Spencer, conocido mundialmente por su caracterización de un vagabundo de sombrero de hongo, pequeño bigote y grandes zapatos, y mejor recordado como Charlie Chaplin, una de las más relevantes personalidades de la cinematografía mundial.

A todo el mundo han llegado los ecos del vigésimo aniversario de su muerte, que han obligado a crear un CD-ROM, tanto de sus primeras películas como de las clásicas.
Chaplin nació en un mísero barrio de Londres, el 6 de abril de 1889. Su padre, un actor inglés de origen judío, abandonó a sus hijos y a su esposa, una actriz telonera alcohólica, quien fue víctima de la demencia cuando Charlie tenía seis años.
El precoz chiquillo se ganaba la vida cantando y haciendo garabatos con su asombrosa gestualidad en las aceras de Londres. Sustituyó a su madre en el teatro donde ella trabajaba, y allí comenzó a forjar una carrera de comicidad tan arrolladora que lo condujo a Hollywood en los años 20 y lo llevó a la cumbre cuando tenía solo 25 años.
Sus inicios fueron con el actor cómico Mark Sennett, con quien realizó cerca de 30 comedias mudas de cortometraje. Con él fue perfilando a Charlot, el personaje con el que le dio la vuelta al mundo y en el que se funden la simpatía, galantería, lo trágico y lo humilde de un vagabundo de inmensa ternura y extraordinaria expresividad.
En 1919 funda la productora United Artists, junto a otros figuras de Hollywood. Dos años después filma su primer largometraje: The Kid (El chico). Siguen clásicos como El peregrino, Vida de perro, Luces de la ciudad, Tiempos modernos, El gran dictador y Candilejas.
Tras el divorcio de su tercera esposa, Paulette Godard, y el estreno de la polémica cinta Monsieur Vordoux, se inició una campaña de desprestigio que lo obligó a salir de Estados Unidos con su nueva esposa, Oona O'Neil, y sus hijos para instalarse luego en Suiza.
Solo volvió en 1972 para recoger un Oscar por la película La condesa de Hong Kong.
A Chaplin se le atribuye haber logrado un cine de exquisita calidad artística y de un alcance a todos los sectores. A través de los años, su obra ha logrado unir, en una misma carcajada y una misma lágrima, al niño y al anciano, al intelectual y al anafabeto, al refinado y al tosco. Su figura permanece latente y muchos aseguran que su obra nunca logrará ser superada.