Varios lectores me han expresado sus dudas sobre el comportamiento adecuado con las bebidas alcohólicas, en especial con los tragos compuestos que hoy todos conocemos como cocteles .
Antes de empezar, quiero advertir que esta columna no trata de ensalzar el consumo del licor: simplemente explicará algunos datos curiosos sobre el tema.
La palabra coctel viene del inglés cocktail y tiene varias leyendas a su alrededor. Una de ellas cuenta que, debido a sus colores, esta bebida semeja a una cola de gallo ( cock's tail ). Otra leyenda se remonta a los brindis que se hacían después de las peleas de gallos, y la última sugiere que la palabra se originó en Nueva Orleans en el siglo XIX.
Lo que todos tenemos como verdadero es que la tradición se originó en Norteamérica y fue en la década de 1920 cuando la costumbre se extendió por todo el mundo.
En realidad no hay una hora determinada para tomar un coctel. Se puede servir en la mañana, antes del almuerzo, a media tarde o bien antes de la cena. Una norma casi mundial es tomar un coctel entre las 5 y las 7 de la tarde, pero nunca después de las 9 p. m.
Las reuniones tipo coctel son tertulias donde se beben aperitivos, se pasan bocadillos, y la mayoría de los invitados está de pie. La forma de vestir casi siempre es algo formal, ya que muchas veces se asiste a cocteles entre semana y a la salida del trabajo.
El coctel también puede ser la excusa para entretener a un pequeño grupo de amigos de manera informal, sirviendo un bufé de bocadillos que perfectamente pueden reemplazar la cena junto con una variedad de bebidas.
Lo apropiado es servir unas dos o tres variedades de cocteles, explicándoles a nuestros invitados que también hay opciones, como refrescos, jugos de frutas y agua mineral para quienes no deseen consumir alcohol.
Junto con las bebidas se ofrecen bocadillos, calientes o fríos. Si el coctel precede a una cena, hay que tener especial cuidado en que aquellos sean compatibles con el menú de la comida.
Existen cocteles clásicos y famosos, entre ellos el Martini, elaborado con ginebra o vodka, mezclados con vermut (el favorito de James Bond), y que se sirve helado en copa con una aceituna dentro.
La extravagancia ha hecho de muchos cocteles un complicado arreglo frutal y floral, pero recuerde: esto es solo un adorno y no hay por qué chuparse las piñas y las sombrillas en miniatura.