En los últimos días se ha generado una polémica por una decisión que ha tomado la Municipalidad de utilizar un terreno que colinda con el cementerio Calvo para la construcción de la villa olímpica que servirá para albergar a los atletas de los Juegos Centroamericanos del 2013.
En primer lugar es bueno tener presente que San José fue seleccionada sede de estos juegos, siendo el primer evento olímpico que se desarrollará en el país. Entre los compromisos asumidos por el Gobierno de la República y la Municipalidad están el de construir una villa para hospedar a los deportistas que participaran en estas justas.
La Municipalidad ha destinado un terreno, que será adquirido por un fideicomiso (BCR, MSJ), para desarrollar el Proyecto de las Villas Olímpicas. Esta propiedad es una finca que la Municipalidad compró en 1899, como terreno inculto y que en algún momento por su colindancia con el cementerio Calvo, se utilizó para colocar tumbas. Sin embargo, según certificaciones de los responsables de los camposantos de la Municipalidad, desde hace más de “dieciséis’’ años no se utiliza como cementerio. Hace varios meses con la autorización y supervisión del Ministerio de Salud, los restos humanos que existían fueron debida y respetuosamente trasladados al área del cementerio. En consecuencia dicho ministerio, aprobó el cambio de uso.
La naturaleza jurídica de esta propiedad no califica como bien demanial, o sea, no es de dominio público; es un bien patrimonial del que la Municipalidad puede disponer para proyectos como el que nos ocupa. El cementerio Calvo ha existido durante muchos años y va seguir existiendo, cumpliendo con su noble labor. El terreno que se dispone para el proyecto deportivo y habitacional tiene más de una década de estar inutilizado y a nadie le ha importado. ¡Qué extraño! Ahora que se anuncia una obra de claros beneficios para San José y para el país, surgen los especialistas en oponerse a todo.
Nuestro país, vive de manera cada vez más evidente una suerte de parálisis, sobre todo en lo que a la obra pública se refiere. Nos hemos acostumbrado a que todo, en el sector público sea lento, ¡¡¡¡muuuy lento!!!!, o simplemente a que las cosas no se hagan. No a pocos buenos proyectos les ha tocado un verdadero víacrucis, donde no ha faltado la crítica malsana y los recursos de todo tipo. Hemos llegado al colmo de que si una obra pública se hace rápido, de inmediato aflora la sospecha de que hay algo turbio o algún “chorizo’’. Nuestra sociedad debe cambiar. Tenemos que superar el “nadadito de perro’’, y dar un salto importante en la gestión de la obra pública. El mundo que nos rodea avanza mucho más rápido que nosotros. O reaccionamos o muchos países nos van a pasar por encima.
Queremos que nos dejen trabajar y nos permitan desarrollar este proyecto, que no solo será de gran utilidad desde el punto de vista deportivo, sino que, después de los Juegos Centroamericanos, brindará una solución habitacional a 240 familias de clase media.
Estoy convencido de que si no lo logramos concretar, de nuevo habrá ganado la mediocridad. Podría ser que el terreno de la polémica continúe encharralado por muchos años más y posiblemente eso no genere tanto debate. Los que se oponen a todo habrán logrado su objetivo.