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El buen demonio del liberalismo en sus orígenes

De los hombres virtuosos, los liberales son los más amados, pensó Aristóteles...

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El polvo calizo que el viento levantó esa mañana hasta las escalinatas del Liceo no le importó a Aristóteles, que estornudó sonriente, después de escuchar los logros de Alejandro por boca del mensajero.








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