El polvo calizo que el viento levantó esa mañana hasta las escalinatas del Liceo no le importó a Aristóteles, que estornudó sonriente, después de escuchar los logros de Alejandro por boca del mensajero.
Su amado discípulo no le había hecho caso en todo, pero, bien sabía que la filosofía era una cosa y las caravanas de elefantes otra. Aristóteles dio las gracias y se adentró, arrastrando sus sandalias, en busca de su esquina preferida para trabajar. Subió varias escalinatas hasta dar con la butaca desde donde podía apreciar el cristal mediterraneo, más allá del templo de Apolo Licio.
La visión del agua siempre lo desconcertaba, aunque esta no era la que recordaba de Estagira. Después de especular sobre la diferencia entre los tonos de azules y los puntos geográficos, su pensamiento llegó a donde su corazón siempre descansaba: la vida feliz. La eudaimonia. El camino no podía ser otro que la virtud, que la frónesis, como medida de acción' pero ¿que pasaba con el dinero? ¿Era tan importante para ser feliz?
¿Origen del liberalismo? El dinero era necesario, de hecho sus clases las pagaban muy bien, pero era estéril porque no se podía crear dinero a partir de dinero. Por eso los préstamos con interés eran antinaturales y las ganancias producidas por ese método para él eran ilégitimas.
En ese punto de su vida Aristóteles se encontraba creando su ÉticaEudemia que ya versaba sobre la felicidad como bien supremo, la virtud como modo de ser, como justicia distribuitiva y como liberalidad con el dinero entre otros temas.
La riqueza, pensó, pertenece a las cosas útiles y es propio del hombre liberal dar a quienes se debe, que recibir de donde debe y no recibir de donde no debe. Por lo tanto, los que dan son llamados liberales. De los hombres virtuosos, los liberales son, quizá, los más amados, porque son útiles y lo son en el dar.
Aristóteles se rascó la cabeza y continuó especulando... no hay otra manera de relacionarse éticamente, virtuosamente, con el dinero que no sea como lo hace un liberal, buscando siempre el término medio entre la prodigalidad y la avaricia.
El liberal lo hará con nobleza y rectamente, pues dará a quien debe, cuando y cuanto debe... por otra parte, no es fácil que el liberal se enriquezca, ya que no está dispuesto a recibir, ni guarda el dinero no por si mismo sino para darlo.
De aquí que también se reproche a la suerte que los más dignos sean los menos ricos... aunque estos estén más cerca de la práctica el bien como un fin en sí mismo. Pero ¿cómo lograr que se actué de esta manera? Tendría que incluir a las pasiones y a lo vicios... humm y a los pequeños daimones que aparecen a lo largo de la vida... Aristóteles se imaginó al Bucéfalo famoso, ese animal que decían montaba Alejandro, producto del cruce de un dromedario con un elefante. Se levantó sin prisa.
Se acababa el día... ¿qué sería del futuro de la polis? ¿Realmente existiría sin los filósofos? ¿Harían caso los políticos formados en su Liceo y de ser así, se librarían del vicio de los bucéfalos?
En todo caso, pensó que el término de liberalismo como virtud ante el dinero era muy acertado para una vida llena de buenos demonios (feliz) y aunque no le apremiaba el hambre aún, se dispuso a bajar las escalinatas en busca de un poco de agua fresca.