Colaborador de La Nación
La noticia del regreso del sello Fania a las tiendas de música ha creado un gran alboroto entre los miles de amantes de la salsa. Desde sus inicios, hace un poco más de 40 años, los salseros no habían escuchado una mejor noticia respecto al sello que los unió por todo el orbe, sin importar los credos y las razas.
El sello Fania fue, en opinión de una inmensa mayoría, lo mejor que le pudo haber sucedido a la música latina en los años 60 y 70 del siglo pasado.
En honor a la verdad así fue y Fania fue el epicentro de todo lo que sucedía alrededor de esa palabra que es magia: salsa.
Posteriores conflictos internos, al empezar la década de los ochenta, con algunos de los miembros del catálogo, especialmente con Rubén Blades, debido a las prácticas de derechos de autor empezaron a fracturar la poderosa estructura de la compañía que final y tristemente colapsó.
De vuelta. Durante el mes de Agosto del año 2005 una compañía musical con base en Miami, la Emusica Entertainment Group, adquirió los activos de la compañía Fania.
En el trato iban incluidos el catálogo con más de 1000 álbumes, alrededor de 3000 composiciones y aproximádamente 10.000 sesiones master de grabaciones según la FAF Publishing (editorial de derecho de Fania Records).
El primer paso de Emusica, después de la firma del trato, ha sido reeditar 30 clásicos de Fania en formato de disco compacto, todos remasterizados por el ingeniero de sonido ganador del premio Grammy, Robert Cats de Digital Domain Studios del estado de Florida.
El mercadeo de esta primera oleada de música con las Estrellas de Fania ha sido contundente en el mundo de la música latina y la compañía Emusica es directa en su promoción.
Su frase de introducción no deja ninguna duda al respecto: "El regreso del sello de Salsa número Uno del Mundo".
Además con gran acierto, desde un punto de vista étnico, está haciendo uso del título de la famosa película, Our Latin Thing, que fue filmada en el Salón Cheetah, un célebre lugar de baile latino de la ciudad de Nueva York, ubicado entre el Bronx y Harlem.
Cuando el 21 de agosto de 1971 las Estrellas de Fania filmaron aquella película no se imaginaban el impacto cultural que tendría su titulo y Nuestra Cosa Latina se convirtió en el elemento unificador de una alquimia latina sin precedentes en nuestra historia común.
La cosa latina. La música de Fania es fundamental para comprender una buena parte de la historia de la población latina y afrocaribeña de aquellos años. El contenido musical y literario de las grabaciones fundaron una institución de respeto y solidaridad entre los latinoamericanos.
No solamente era la música típica de Cuba y Puerto Rico, era lo que sucedía en Colombia, Venezuela, Panamá, toda Centroamérica, las islas del Caribe y, sobre todo, la comunidad latina de los Estados Unidos, especialmente la que vivía en el Barrio Latino de la ciudad de Nueva York.
El orgullo y la autenticidad de las emociones que los latinos sentían al escuchar aquellos discos fueron tan intensos que muy pronto la salsa se expandió por el mundo entero.
Una vez Cheo Feliciano (vocalista de salsa y boleros que dará cierre al Festival Internacional de las Artes a final de este mes en el Estadio Nacional, La Sabana) dijo que: "A mí no me gusta el nombre de salsa porque es muy limitado, muy genérico. La juventud que va subiendo jamás va a saber que existieron, y existen, el son, el guaguancó, el danzón, un mambo o una rumba. Ahora todo se llama salsa".
Sin embargo, ante la nueva posibilidad de adquirir los discos clásicos de Fania, curiosamente se abre el portillo para que los más jóvenes puedan conocer sobre esos ritmos.
Cosas de la vida con nuestra cosa latina.