Es entretenido sentarse y conversar con un viejo, no solo porque sus historias nos parecen cuentos de otra época, sino también porque son narradas en un idioma antiguo, desconocido, perdido en el tiempo.
Muchas de esas historias nos hablan de los chisperos (bailongo de mala clase) a los que nuestros abuelos, los más pránganeros (fiesteros), solían asistir, algunos en busca de un pilón (mujer muy guapa), otros simplemente para pegarse una buena bebedera (borrachera).
Mientras cuentan sus anécdotas, usan palabras que no conocemos, palabras de otro tiempo, que por el mismo caminar del calendario se han perdido en el trayecto.
Son muchos los llamados costarriqueñismos olvidados. Para traer algunos de ellos al presente, convidamos a uno de esos abuelos de chispero a que conversara con un adolescente.
Fue así como, entre una taza de café y una gaseosa, Mauricio Artiñano, de 15 años, conoció a Miguel Vázquez, quien ya ronda los 70.
Amena conversación
La plática transitó por varios caminos. El primero fue la afición de Mauricio por escribir; luego, como en una cadena, un tema llevó a otro y a otro...
Mauricio: Estoy escribiendo el guión para una película; se llama Soledad y es de un señor que se divorcia. Con base en eso estoy explorando lo que él siente.
Miguel: El guión, ¿es tuyo o lo agarraste de una novela?
Mauricio: No, lo estoy inventando.
Miguel: Se ve muy interesante porque se tiene que tener cierta profundidad para relatar la soledad de un carajo [persona de la que no se conoce el nombre o no se quiere decir], ahí aburriéndose y pensando.
"Yo me acuerdo, pero ¡qué horror!: ¡me siento como un dinosaurio!... El cine era muy bonito; era como muy respetuoso. La gente iba bien vestida. ¡Aaah!, en el Nacional había que ir de riguroso traje azul oscuro y corbata blanca, y con los zapatos bien chaineaditos [arreglados].
Mauricio: ¿Qué días iban al cine?
Miguel: Los sábados; y los domingos generalmente iba con mis papás, y después a las retretas [recitales que ofrecía la banda militar en el quiosco del Parque Central].
Sobre las diversiones de los muchachos, Miguel cuenta:
Miguel: Andábamos cuerdiando [piropeando] a las muchachas; jugábamos futbol, basquetbol, beisbol. Las bicicletas no eran muy comunes: uno las alquilaba por horas en los ciclos; creo que una hora por un cuatro [50 centavos]. ¡Ah, algo lindísimo!: irnos a bañar a las pilas [ríos].
Mauricio: ¿Dónde?
Miguel: En el Torres.
Y acerca de las palabras de la época, Miguel comenta:
Miguel: Me fui acordando de un montón de palabras, de cuando estaba chiquillo como vos. ¿Sabés qué es dundo?
Mauricio: ¿Como tonto?
Miguel: ¡Ajá! ¡Qué bandido, ah? ¿Y un pilón?
Mauricio: No.
Miguel: Un mujerón. ¿Y sabés qué es una prángana? Es una fiesta, un jolgorio. Ajilarse, por ejemplo, es pintarse: "Yo me ajilo de aquí". ¿Y chochosca?
Mauricio: Esa mi papá la usa, pero no sé qué es.
Miguel: Es plata. ¿Y chonete?
Mauricio: ¿Sombrero?.
Miguel: No; bueno, también, pero eso es estar sin plata. ¿Tirria?: como aturusar.
Mauricio: ¡Ah, sí!: pegarse, asolear.
Miguel: ¡Ajá! ¡Qué bien!
Miguel: Después, fundamento; esa palabra es lindísima. Estas dos: fundamento y juicio.
Mauricio: Fundamento es como modales.
Miguel: Sí, hay algo de eso. "Tener fundamento" es tener sosiego, tranquilidad, observancia de las reglas sociales. Por ejemplo, yo me acuerdo de que mi mamá me decía: "¡Carajo, tené fundamento!". Tener juicio es la misma carajada.
Mauricio: ¿Decían ustedes las palabras al revés?
Miguel: ¿Vos sabés que a mí me gustaba mucho hablar al vesre?
Mauricio: A los ticos nos gusta inventar palabras.
Miguel: Sí, tenés razón; o inventar o darles otro significado.
Todo cambia
Existe una correlación entre la lengua y la experiencia de vida. "La lengua es el instrumento de comunicación que emplea una comunidad para expresar sus esperanzas, memorias, conciencia; su pasado, presente y futuro", afirmó a Viva el lingüista Víctor Sánchez. De ahí que, agregó el experto, en la lengua "encontramos información sobre qué come esa comunidad, cómo se organiza, cuáles son sus valores, cómo viste la gente, cuáles son sus diversiones...". Por ejemplo, hace diez años, ¿qué significaba la palabra chapulín?: "Básicamente tenía dos acepciones: tractor de labranza e insecto. Mientras, al haberse producido un deterioro en la calidad de vida del costarricense, surge un grupo de adolescentes delincuentes que, por su forma de actuar, se los llama chapulines", explicó. Pero también se puede dar otro fenómeno. "Usted tiene la palabra seringa (significa "sería engañarlo"). Generaciones mayores se acuerdan de ella, pero es una palabra que ha caído en desuso". En opinión del lingüista, la estructura de la lengua tiene incorporado el cambio: "El hecho de que haya habido una educación formal cambia el vocabulario". Sin duda, la televisión es otro factor que influye en la modificación del léxico, pues introduce neologismos y usos lingüísticos de otros lugares. "Lo cierto es que hay palabras que caen en desuso, otras que perduran y otras nuevas: por ejemplo, los términos de la computación. Se trata de una adecuación de la lengua a la experiencia de vida del pueblo", sostuvo Sánchez. Añadió que la lengua que hablamos hoy, no es mejor o peor que la hablábamos hace 40 ó 50 años: "Esa cumplía un papel, esta cumple otro".
Ejemplos de antaño
Acuantá: hace poco
Achicopalarse acobardarse
Acusetas delator
Agora: ahora
Agro: agrio
Asina: así
Bolo borracho
Calzonudo holgazán
Campanear detectar
Cerrar el paraguas fallecer
Chacalín niño
Dar bimba emprender una acción
Desvirolado loco, descontrolado
Dende: desde
Dispertar: despertar
Endespués: después
Entonce: entonces
Enllenar: llenar
Hibierno: invierno
Injundia: enjundia
Medecina: medicina
Mesmo: mismo
Naide: nadie
Ñudo: nudo
Peliscar: pellizcar
Recebir: recibir
Vide: vi
Vidro: vidrio
Fuentes: Víctor Sánchez, director del Programa de Lingüística de la Escuela de Letras de la Universidad de Costa Rica. Nuevo diccionario de costarriqueñismos, de Miguel Ángel Quesada Pacheco.