
RIO DE JANEIRO (AFP) El polémico 'anticristo' del rock, el estadounidense Marilyn Manson, realizó en Rio de Janeiro un concierto que acabó siendo demasiado moderado para su estilo oscuro y la mala fama con la que carga.
Manson tocó la noche del martes apenas una hora y 20 minutos y dejó con más ganas a unos 4.000 fanáticos que llegaron a la Fundiçao Progresso del barrio bohemio de Lapa (centro) para ver el show, enmarcado en la gira de su último álbum, "Eat Me, Drink Me", la cual incluyó a Argentina, Colombia y México.
El escenario elegido no podía ser mejor: un gran club en una antigua fundición de hierro, detrás del viejo acueducto Arcos de Lapa, por donde pasan los 'bondinhos' (tranvías) hacia el barrio 'alto' de Santa Teresa. Más atrás se levanta un moderno edificio de la petrolera Petrobras.
Un gran telón alertaba a sus 'huestes' en la entrada: "Drogas, tolerancia cero!", mientras carteles pegados indicaban que "Está expresamente prohibido usar y vender drogas ilícitas".
El inicio del show estuvo marcado por animadas 'mareas' y gritos de los 'súbditos' de Manson, quien salió vestido todo de negro al palco con un micrófono que simulaba un gran cuchillo de carnicero.
El público, mayoritariamente veinteañero, vestía predominantemente de oscuro y lucía muchas botas de cuero altas, medias de red rotas, cintos con metales, cadenas, cruces invertidas, estrellas de cinco puntas. Varios mostraban maquillaje cargado.
Pero también había buen número de mayores de 30. Era el caso de Sabina, que llegó en atuendo negro de pies a cabeza luciendo su barriga al aire con un embarazo de seis meses: "no podía perdérmelo... además, así se va acostumbrando a lo que le gusta a los padres", justificó a la AFP.
El 'Rey de las tinieblas', de ojos bicolores y dentadura cromada, hizo saltar y delirar a su audiencia con éxitos como "The Dope Show', "The Beatiful People", "Rock is dead" o "Sweet Dreams..." , aunque tuvo poco diálogo con sus fans.
Sin embargo, no cometió ningún exceso como los que se le achacan usualmente: apenas lanzó algún escupitajo y unas botellas de agua al público.
"El show fue impresionante, pero la verdad es que esperaba un poco más de acción, algo de sangre", declaró a la AFP risueñamente Rodrigo (23 años), estudiante que dijo que asistiría este miércoles al concierto de Manson en Sao Paulo.
Paula (26), una asistente de programación informática que lucía corta falda negra, grandes botas, medias a rayas y colgantes varios fue más allá: "el show me resultó fantástico, hasta le mostré los senos a Manson... él comenzó a mirarme y subirse su blusa, yo también, hasta que la levanté totalmente".
Afuera, ajenos al advenimiento de 'la oscuridad', un grupo de jóvenes bailaba 'street dance' en una lona sobre la vereda, al lado de los ambulantes que elaboran tragos 'endemoniados' en los puestos iluminados con cables 'colgados' del alumbrado público y tenues lamparillas.
Sin inmutarse siquiera de la fauna variopinta que merodea, Josimar bebía cerveza mientras preparaba en su carrito emparedados con algo 'semejante' a carne asada en una parrilla giratoria. "No está mal el negocio, mientras compre hasta al 'capeta' (demonio) le vendo", resaltó.
El placer de satisfacer 'estómagos valientes': dos reales (casi 1 dólar).
La noche acabó satisfactoriamente para Josimar y muchos más en Rio. No hubo que afrontar los 'demonios' de un Manson casi 'angelical', si se lo compara con aquel que se había presentado en 1997 y que impactó automutilándose con cortes de todo tipo en su cuerpo.
El miércoles se presenta en Sao Paulo y el jueves como invitado en la premiación de la cadena musical MTV Brasil.
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