DEJAR EL PASADO, esto es lo que quiere Jason Bourne. Sin embargo, el pasado regresa a él. Es como su tragedia. De nada le vale huir de pueblo en pueblo, siempre enamorado de Marie: el pretérito está en sus pesadillas y no hay manera de evitar una nueva intromisión en el espionaje.
Aquí está La supremacía Bourne (2004, dirigida por Paul Greengrass), secuela de un reciente filme de espionaje titulado Bourne: Identidad desconocida (2002). Ustedes seguramente recuerdan al espía Jason Bourne, encarnado por Matt Damon, agente de un operativo secreto creado por Treadstone.
Bourne es un agente letal, hecho para cumplir como una máquina perfecta, pero asesina; solo que perdió la memoria: aún no sabe quién es él exactamente. La amnesia vive con él y con Marie, la chica que él conoció en un viaje en la película pasada.
Sin embargo, he aquí que, por alguna razón, intentan matar a Bourne y, así, hacen lo que nadie debería haber hecho, esto es: despiertan el animal dormido en la conciencia de Bourne. Y Bourne regresa, implacable.
El personaje se basa en una novela de Robert Ludlum y, como tal, en esta secuela solo repite los esquemas de conducta que le vimos en la primera cinta (dirigida por Doug Liman), aunque la trama nos parece un poco más cercana al enredijo fácil. O sea: esta secuela puede ser complicada, pero esto no quiere decir que sea compleja.
Es predecible lo que aquí vemos: el agente Jason Bourne anda aún detrás de su propia identidad, todavía confuso. De paso, él resuelve algún conflicto en que están metidas distintas fuerzas del espionaje. El filme se afana por ser un envoltorio visual de imágenes impactantes, porque la película es pura acción, a chorros.
Esa acción se distribuye en fuertes dosis durante todo el metraje. Nada se guarda en el bolsillo. Balaceras, enfrentamientos, persecuciones, en fin: todo eso, hay poco nuevo bajo el cielo. Para mostrar esa vorágine, vemos cómo se dinamizan los acontecimientos en perjuicio del plano y del encuadre. Es un manejo mareante de la cámara en mano, borrachera de imágenes en primerísimos planos.
O sea: La supremacía Bourne es una acentuación de los esquemas con que Hollywood hace cine de acción, por lo que el filme es más apariencia visual que contenido en ideas. Es como una montaña rusa, muchas volteretas para volver al mismo lugar y, de seguro, esperar una tercera película con el agente Bourne a bordo.
Lo que sí es válido reconocer es la buena actuación de Matt Damon, bien acuerpado por Brian Cox y Joan Allen. Esta vez aparece poco la interesante actriz Franka Potente (como Marie). Y funcionan bien los automóviles rusos marca Lada en una persecución increíble por Moscú. Pueden verla desde hoy.
Cómo, cuándo, dónde...:
Qué: La supremacía Bourne se exhibe en Cinépolis, Cinemark y CCM.
Entrada: De ¢1.000 a ¢1.500, según la sala. Precio especial para pensionados y en funciones de la tarde.
Horario: Funciones regulares.
Estreno: Desde el viernes 24 de setiembre.