EL REFRÁN SE CUMPLE: no hay peor ciego que el que no quiere ver, y para enfatizarlo ahí está la más reciente película de los hermanos Farrelly (Bobby y Peter), con una historia tan posible como imposible: Amor ciego, comedia punzante.
Se trata de una cinta que insiste en el humor gamberro e irreverente que caracteriza a los hermanos Farrelly. ¿Los recuerda? Ellos son también los artífices de películas muy tunantes como Dos tontos muy tontos (1994, con Jim Carrey y Jeff Daniels), Loco por Mary (1998, con Cameron Díaz) e Irene y yo... y mi otro yo (2000, con Jim Carrey). Son tres filmes de idénticas malicias.
Los personajes de las películas de los Farrelly parecen escapados de un cómic o de un asilo, siempre se tropiezan en la misma piedra y se enredan en sus propios mecates. En Amor ciego, el protagonista es un tipo que solo gusta de las mujeres modélicas, de aquellas que agotan su vanidad en la perfección física.
En dos platos: a Hal, que así se llama el tipo, solo lo atraen las chicas muy guapas, sin fisuras en su belleza. Hal juzga a la gente por su apariencia física: cuerpo, sonrisa y estilo perfectos. Sin embargo, las cosas cambiarán para Hal después de una sesión hipnótica. Así, de pronto, empieza a gustar de la belleza interior de las personas: lo lindo va por dentro.
En este momento se enamora de Rosemary, una chica muy obesa, bien cargadita de libras, a la que él -en cambio- mira como si fuera una modelo de gimnasio, una tentación de pasarela, una hurí escapada de cielos proféticos o una sílfide con armonía de ballet.
Ya lo dijimos: no hay peor ciego que el que no quiere ver, y esto es lo que le sucede a Hal, sin preocupaciones de kilos, grasas ni mondongos físicos. Este juego amoroso (con su lado cómico) está interpretado en la película por el actor Jack Black (como Hal) y por Gwyneth Paltrow (como Rosemary). Ellos encarnan este repolludo romance poco convencional.
La crítica ha dicho -con certeza- que el filme cae en lugares comunes, que resulta poco amable y que puede ser ofensivo para las personas obesas, aunque su objetivo sea divertir con un tanto de sal sobre lo dulce. Eso sí: Gwyneth Paltrow está lejos de su acostumbrada soltura histriónica, y Jack Black está peor.
En todo caso, lo que vale decir es que el amor es ciego, también gordo, y un pretexto para el cine.