GUISOS AMOROSOS. Esos son los bocados que se fríen en las recetas mágicas de una chica seductora, tan brasileña como la música que siempre la acompaña. Ella se llama Isabella, y es el personaje principal de una película hartamente liviana que llega a cartelera: Las mujeres arriba, dirigida por la venezolana Fina Torres.
Isabella (Penélope Cruz) vive feliz con su amante esposo Toninho (Murilo Benício) en el puerto de Salvador de Bahía, en la costa noreste de Brasil. La pasión de ellos es estimulada por los ricos platillos que Isabella aprendió a cocinar con especias tropicales, algunas hierbas naturales, un toque oportuno de chile (siempre el chile) y una pizca de magia natural, tan natural como la inquietante sonrisa de Isabella.
En tanto, Toninho da rienda suelta a su talento para la música, todo un gancho para la conquista amorosa (¡ah!, esa música brasileña), mientras Isabella solo tiene un pequeño defecto: se marea muy fácilmente, sí, en los ascensores (por dicha hay gradas), en el automóvil (siempre tiene que manejar), en el baile (ella debe conducir al hombre) y en la intimidad amorosa (por eso necesita estar arriba).
Como el demonio nunca duerme, nunca, y la tentación es una manera de romper rutinas, Toninho se embarca en una aventura amorosa con otra; Isabella lo pesca y el desastre aparece. No hay más: Isabella se marcha a los Estados Unidos a buscar nuevos aires, donde su amiga Mónica (Harold Perrineau, Jr.), un travestido a toda vida en San Francisco.
A Isabella, para subsisitir, solo le quedan sus encantos culinarios, finamente chilosos, y su sonrisa contagiante. Con ellos derrite paladares y también corazones; pero todo se complica cuando Toninho aparece y -por eso- la película se amplía en la diversidad de los acontecimientos.
Para la actriz española Penélope Cruz, Las mujeres arriba es el primer largometraje hablado en inglés, y ella se convierte en la protagonista absoluta de la película: es un filme hecho a su imagen y semejanza, con el visto bueno y los afanes limitados de la directora Fina Torres, quien planifica todo al servicio de la actriz. Con Penélope son una sola cosa los atributos mágicos: la música, el amor y la comida (el chile incluido).
Precisamente, la música (responsabilidad de Luis Bacalov) se convierte en elemento importante al servicio de las imágenes, y es una variedad de estilos musicales brasileños: bossa nova, samba, foro, charo, baiao, desde los años 40 hasta hoy.
Aunque explícita en colorido, magia, comida y pasiones, ciertamente Las mujeres arriba se queda a medio camino en la intensidad de su argumento, e incluso -a ratos- peca por simplona: la puesta en escena se viene abajo muy a menudo.
Así, resulta película dietética (curioso: le falta el ardor del chile), por lo que deviene modesta en sus ambiciones. Total, se salva por lo que es: Penélope Cruz, fuerte razón para verla.