La pista está a reventar, y las vueltas, a la orden de la noche: es que la orquesta La Solución comienza a reinar sobre la tarima. Entre pieza y pieza, solo se escuchan saludos para el público que ha perseguido a estos músicos desde que estuvieron en los Brillanticos o en Explosión.
La discoteca Samanná se balancea en medio de La Uruca al ritmo de este grupo. No han pasado los primeros acordes, cuando la pista es invadida por los que vienen a mostrarnos que saben bailar. De un momento a otro, un bailarín toma por la espalda a su pareja y le da una vuelta en el aire. Segundos después, una mujer da vueltas como un trompo, mientras otro entusiasta cae de cuclillas dándole vueltas a su pareja, asida de la pantorrilla.
Las congas y los timbales delatan el sabor de las quince personas que conforman esta orquesta. Cuando no están cantando, los cuatro vocalistas se dedican a trazar coreografías, y se les puede ver haciendo hasta el trencito. Los zapatos negros están ya acostumbrados a bailar durante toda la noche. La sincronía a veces se pierde; los cantantes la recuperan y van haciéndose bromas. En medio de las canciones se cuentan chistes que no se entienden bien, pero que, al parecer, ya sus seguidores conocen.
El cantante hace señas al sonidista. Las manos se mueven rápidas, concisas, y la salsa se posa en la pista sin mayores contratiempos. Un pitido se infiltra en medio de La Solución, que ya esta hirviendo.
De pronto, el ritmo se tranquiliza y el bolero empieza a pasearse suavemente. Los bailarines no se amilanan, las cinturas -atrapadas- y los pies -a un mismo tiempo- se dejan llevar por la cadencia romántica.
El saxofonista Harold Guillén toca Jugo'e piña durante ocho minutos seguidos. Mientras, sus compañeros simulan echarle aire con un inflador.
Las vueltas se apoderan de nuevo de la pista. El micrófono baja a la altura de los tambores. El sudor ya corre por algunas caras y empapa las camisas de los amantes del baile.
Entre canción y canción, se presenta la pieza y se mandan saludos hacia todo el territorio nacional. A los bailarines no les queda más remedio que sentarse...: no por mucho rato porque, apenas suenan las tumbas, ya la pista está llena.
Música con corazón
La Solución se formó hace tres meses, pero la recién nacida ya ha acompañado a varios artistas extranjeros, como Joseph Fonseca, y ha alternado con orquestas, como la Puerto Rican Power y Los Sabrosos del Merengue.
Ya tienen varias canciones originales. Llegó el verano es una de ellas, y está sonando en las radios. Esta pieza fue compuesta por su director musical, el timbalero Carlos Jiménez. Los miembros de la orquesta le hicieron hasta un bailecito: "el del bronceador".
La Solución planea sacar un disco compacto con varias composiciones propias. Entre las piezas que grabarán están Calle Corazón (bolero), Las flores de mi jardín (cumbia) y la salsa Tu ausencia.
Según Esquivel, los músicos se reúnen cada semana para analizar las fallas que han cometido en sus presentaciones, y les buscan... La Solución. Estos músicos se han separado de otras orquestas y ahora no tienen mánager: ellos son sus propios jefes.
Estos chicos tropicales se dejan caer en El Tobogán, El Rancho Guanacaste y la discoteca Extremos, los viernes, domingos y lunes, respectivamente. A los amantes de la salsa les recomendamos ir a Extremos, donde se toca solo música tropical, de la vieja, como la del Gran Combo de Puerto Rico; pero, en La Uruca, el bolero-son reclama su derecho a ser bailado.
Esquivel afirma que dejan la camiseta en cada concierto, que están muy agradecidos con el público, y que, si les gritan otra tres o cuatro veces, ellos les regalan las piezas que piden hasta que se cansen.
El ritmo va ahora un poco más lento; las vueltas se hacen al mismo tiempo, los cuerpos están pegaditos. Algunos se atreven a doblar un poco las rodillas. La cumbia regresa, los brincos piden un poco más de espacio; pero, eso sí, cuando llega la salsa, un alfiler no cabe en ese rectángulo de madera rodeado de luces de neón que recibe a los pies inquietos.
Entre pieza y pieza, la música del bar intenta colarse en ese caldo de merengue y salsa, pero las trompetas y el teclado no la dejan. Y esa solución continúa sobre la tarima haciendo bailar hasta las mesas.