Washington . Grupos de defensa de los derechos civiles han reaccionado con indignación ante las nuevas medidas de lucha contra el terrorismo que permiten a las autoridades federales de Estados Unidos espiar a la población, incluso en los templos.
El secretario de Justicia, John Ashcroft, señaló el jueves que las nuevas pautas de vigilancia sustituirán a otras que imponían desde hace dos décadas restricciones burocráticas que daban "ventajas a los terroristas".
Las nuevas directrices fueron anunciadas en el marco de una reorganización de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), que ha sido criticada por no anticipar la posibilidad de un ataque terrorista pese a la información que recibió en ese sentido antes de los atentados del pasado 11 de septiembre.
En una referencia a esas denuncias, la Unión de Libertades Civiles de EEUU (ACLU) dijo que las medidas son "un premio al fracaso analítico".
"También demuestran el apetito aparentemente insaciable del secretario de Justicia de contar con nuevas facultades que harán poco por hacernos sentir más seguros e inevitablemente nos harán menos libres", expresó.
"El Gobierno está recompensando el fracaso", declaró Laura Murphy, directora de la oficina en Washington de ACLU.
"Cuando el gobierno fracasa, como es cada vez más evidente que ocurrió antes de septiembre, la respuesta de la administración (del presidente George W.) Bush es asumir más facultades en vez de investigar por qué ocurrieron las fallas", agregó.
El Consejo de Relaciones Islámicas con EEUU dijo que las nuevas pautas, que permiten al FBI vigilar internet, bibliotecas e instituciones religiosas, pueden aumentar los abusos que sufren los grupos minoritarios.
Una cosa es permitir que agentes del FBI revisen internet en busca de actividad criminal y otra "muy distinta es ordenar que entren en las mezquitas simulando ser musulmanes... en busca de guía espiritual", dijo Jason Erb, director de asuntos de gobierno del Consejo.
Las nuevas pautas "amenazan la práctica privada de la religión y constituyen una guerra contra la libertad, no contra el terrorismo", señaló el representante republicano John Conyers.
Según Kate Martin, directora del Centro Nacional de Estudios de Seguridad, los cambios plantean "el grave peligro de que el FBI, en vez de ocuparse de identificar terroristas, intervenga todavía más en la vigilancia de grupos árabes y musulmanes que realizan prácticas políticas y religiosas totalmente legales".
Sin embargo, la Liga Antidifamación (ADL), que lucha contra el antisemitismo, elogió las últimas medidas y señaló que son "pasos esperados desde hace mucho tiempo y muy alentadores".
Estas medidas permiten al FBI identificar y detener a los extremistas antes de que cometan su crimen, dijo el director nacional de ADL, Abraham Foxman.
Como parte de las nuevas directrices, los agentes del FBI podrán vigilar puntos de acceso a lugares públicos, templos, organizaciones políticas y religiosas, bibliotecas y sitios de internet.
Hasta ahora, los agentes del FBI tenían que presentar pruebas de actividad criminal para ese tipo de vigilancia.
"Los agentes del FBI no asistían a eventos públicos, no porque se lo prohibiera la Constitución ni alguna ley federal aprobada por el Congreso, sino por la falta de autoridad clara bajo guías administrativas emitidas hace décadas", dijo Ashcroft.
Agregó que el problema fundamental de las normas anteriores es que se enfocaban en la investigación de delitos ya cometidos y no en la prevención.
El secretario de Justicia desestimó las advertencias de que se dará pie al espionaje interno, al indicar que "no se permitirá su abuso para otro propósito" que no sea combatir o prevenir el terrorismo.
Edición periodística: Gerardo González y Juan Fernando Lara . Fuente: agencias.