CON BUENA RECETA, aquí está un filme que retoma a un villano caníbal tan perverso como atractivo, que lleva público a las boleterías y que estremece con sus asesinatos en serie, donde los órganos de las víctimas son un manjar en su mesa. Se trata de Hannibal Lecter, y la cinta que ahora lo trae es Dragón rojo (2002), dirigida por Brett Ratner.
La propia publicidad de la película nos lo dice: "para entender el origen del mal hay que volver al principio". Por eso, estamos ante un filme que muchos llaman "precuela". Esto es: la película -en este caso- es la tercera en una serie, pero lo que se narra sucede antes (de primero). Preámbulo y secuela a la vez: precuela.
Eso sí: lo cierto es que la novela El dragón rojo, escrita por Thomas Harris (nacido en 1940, en Tennessee), tuvo una primera versión cinematográfica en 1986, titulada Cazador de hombres, dirigida por Michael Mann. Así fue como Hannibal Lecter llegó al cine.
Esa película no fue bocado exitoso en taquillas, como si lo fue el regreso de Lecter en El silencio de los inocentes (1990, de Jonathan Demme). Aquí, la crítica y el público comieron con gusto en la misma mesa: la exigencia gastronómica y el platillo popular elogiaron al filme, por lo que el caníbal Hannibal saltó a la fama con su paladar misterioso y con su inteligencia cruel y refinada.
Una nueva película llegó, entonces, pero fue un fiasco dirigido por Ridley Scott: Hannibal (2001), cinta poco nutritiva y tan sosa como plato de flemático cocinado en su propia tinta. Parecía una sopa de menudos (de todo un poco) a pura receta comercial.
Ahora, Dragón rojo retorna a los orígenes de Hannibal y a su choque con el detective Will Graham, al encarcelamiento del caníbal y a su posterior colaboración con Will para capturar a un enigmático asesino que se nutre de las poesías y dibujos del inglés William Blake (1757- 1827). Es un asesino que admira a Hannibal y que busca redimirse de su pasado con matanzas. Lo llaman Dentudo (Hada de los Dientes).
Condimentada con humor negro, esta buena película maneja muy bien el suspenso, al filo de escenas que -en manos de otro director- serían efectistas. No es el plato fuerte que sí es El silencio de los inocentes, pero es más gustosa e inquietante que Hannibal.
Agreguemos que el gusto del filme mejora con ese menú a pedir de boca que ofrece con sus formidables actores: Anthony Hopkins (quien repite como Lecter), Edward Norton, Ralph Fiennes (excelente), Harvey Keitel y Emily Watson (como la mujer ciega que aumenta el suspenso). Dragón rojo es película en su punto, para verla sin antiácidos.