Londres . Ante la ofensiva de la Prensa, Downing Street ha decidido atrincherarse y defender a Cherie Blair, atrapada en uno de esos incómodos casos que tienen que ver con la ética del poder y que, de momento, ha conseguido complicar la vida al primer ministro británico.
La historia empezó el verano pasado, cuando Cherie Blair decidió comprar dos pisos en la ciudad de Bristol, al sur de Inglaterra. Uno para su hijo Euan, que estudia en la universidad de esta ciudad, y otro como inversión.
El hombre que se ofreció a la esposa del primer ministro para negociar un precio a la baja se llama Peter Foster y es el novio de Carole Caplin, preparadora física y amiga de Cherie Blair.
Foster es un conocido estafador australiano, convicto y confeso, a quien la Policía británica quiso deportar desde el momento mismo en que llegó al aeropuerto londinense de Luton el pasado 1 de septiembre.
Sus abogados apelaron contra la deportación -aún pendiente- y Foster pudo reunirse con su novia Carole, por cierto embarazada.
El día en que Cherie Blair pidió a su amiga Carole que fuera a echar un vistazo a los pisos de Bristol, ésta se llevó a su novio, quien se puso inmediatamente a negociar el mejor precio posible.
Cuando el "Daily Mail" publicó en primera página que "los Blair utilizaron a un estafador para comprar pisos" el follón no hizo mas que empezar.
Como pasa casi siempre en este país, todo se ha complicado por no haber dicho la verdad, toda la verdad, desde el principio. Cherie Blair optó por contar la mitad de la mitad a la oficina de Prensa de Downing Street y ésta, en consecuencia, negó el papel real que desempeñó Foster en la operación inmobiliaria.
La Prensa tiró de la manta. El "Mail" publicó los correos electrónicos que se cruzaron Foster y Cherie acerca de la gestión en Bristol: "No puedo agradecerte lo suficiente, Peter, el que hayas hecho estas negociaciones en mi nombre" -le escribió ella a él-.
Cherie Blair también dijo que no sabía nada sobre el pasado delictivo de Foster -un hombre que se pasó tres años en la cárcel por estafa-, cuando lo cierto -y esta es la última revelación del caso- es que llamó a los abogados de éste para preguntar por los trámites contra su deportación.
Lo que explica hoy la esposa de Tony Blair es que se interesó por cómo iba la apelación para tranquilizar a su amiga Carole, preocupada, lógicamente, por el futuro del padre de su bebé.
Pero pudo haber algo más porque aquel mismo día en que se produjo la llamada, los abogados de Foster se pusieron en contacto con el propio bufete de Cherie Blair, abogada de postín, para que uno de sus expertos interviniera en el caso en favor del australiano. Esto no llegó a producirse porque la persona en cuestión estaba ocupada.
Y una semana después del polémico telefonazo a los abogados de Foster, la operación de Bristol quedó cerrada. Cherie Blair se había ahorrado unos 60.000 euros en dos pisos que valían, juntos, 850.000 euros.
Hay que decir que la esposa del primer ministro británico es bastante más que un abogado corriente ("solicitor"). Cherie Blair es una "barrister"; esto es, que pertenece al selecto cuerpo de letrados que están autorizados a presentar los casos ante los tribunales. Y Cherie Blair hace, en ocasiones, de jueza.
Las preguntas en torno al caso -de la Prensa, de la Oposición conservadora- se centran en aclarar cuánto sabe de todo esto el propio primer ministro; por qué un tipo como Foster tuvo tanto predicamento con Cherie Blair; por qué desde Downing Street se han hecho declaraciones y emitido comunicados que o bien ocultaban datos, o bien faltaban a la verdad...
Así las cosas, la oficina del primer ministro ha decidido atrincherarse.
Un portavoz de Tony Blair aseguró hoy mismo que "hay una campaña", que Cherie Blair "no ha hecho nada ni ilegal ni inadecuado" y que tiene, en fin, "derecho a su intimidad".
Edición periodística: Gerardo González y Juan Fernando Lara . Fuente: agencias.