El locutorio. Actuación: Camila Leyva, Jaime Troncoso. Texto: Jorge Díaz. Dirección: Jacqueline Boudon. Iluminación y sonido: Luis Rivera. Corporación Teatral de Chile.
Miércoles 29 de marzo, Teatro Fanal. FIA 2000.
hile acaba de regalarnos, en el otoño ya de nuestro FIA 2000, El locutorio, de Jorge Díaz, reconocido dramaturgo de la patria de Neruda.
Por desgracia, la obra no está a la altura de otras piezas del autor ( Un hombre llamado isla, El cepillo de dientes, El lugar donde mueren los mamíferos ).
El locutorio es una divagación a dos voces acerca de la senectud y los modos de vivirla y desvivirla. Camila Leyva y Jaime Troncoso se citan los sábados, en un centro de reclusión, y allí intercambian postales de memoria a través de una reja: vivencias un poco inciertas, ficciones necesarias con tal de seguir andando.
Pero ella y él se dicen - ¡oh, decepción! - cosas triviales; y, ojo, no hablo de aquella trivialidad que denota una crisis profunda de la existencia o revela un universo de deseos callados por los años. No. Hablo de una trivia a secas.
El diálogo nunca despega y, si bien hay ocurrencias sugestivas (el vals de la pareja), estas naufragan en medio de la chatura del texto y la quietud escénica. Para colmo, las formas coloquiales suenan a mojigatería y la falta de credibilidad se duplica por un terrible afán pedagógico: Elisa nos cuenta, sobre el final, nada más y nada menos que la verdad de la trama.
Dos viejitos de mentira, pues, y dos viejitos a quienes no podemos agradecerles un rato de humor o, tan siquiera, de malicia auténtica. Ni Leiva ni Troncoso, además, le inyectan valor agregado a sus papeles, atados al entorno vacío, despojado de cualquier elemento metafórico.
Es que la puesta de Jacqueline Boudon ejemplifica la idea de "teatro pobre" en el peor sentido. No en el sentido que le otorgó al género Jerzy Grotowski, padre de la muerte de los decorados y enemigo del lujo teatral, sino pobre en el concepto, a la hora clave de indagar la realidad subjetiva y de inferir la posibilidad humana de angustia y redención.
Los aplausos dispersos, la noche del estreno, yo creo que hicieron esta misma crítica con sus frías palmas.