
Washington. AFP Dos investigaciones afirman que el anuncio realizado por la agencia espacial estadounidense (NASA) en el 2010 respecto a la existencia de una nueva forma de vida bacteriana resistente al arsénico, no es exacto.
“Contrariamente a un informe original, la nueva investigación muestra que la bacteria GFAJ-1 no puede sustituir el arsénico por el fosfato para sobrevivir”, indicó en un comunicado de prensa la revista Science , la cual también publicó el estudio original en el 2010.
El primero de los análisis, dirigido por Felisa Wolfe-Simon, astrobióloga que entonces trabajaba en el Instituto de Geofísica de Estados Unidos y hoy labora en el Lawrence Berkeley National Laboratory, anunciaba que una nueva forma de vida había sido detectada en el lago Mono, en California.
Se trataba de una bacteria cuya existencia redefinía lo que se consideraba como vida porque sobrevivía y crecía gracias a que su ADN sustituía el fosfato por el arsénico.
Ayer, un año y medio después de esta primera publicación, Science dio a conocer dos estudios que, por separado, trataron de verificar esta hipótesis.
El primero, liderado por el microbiólogo Tobias Erb, del Instituto de Microbiología de Zúrich (Suiza), muestra que la bacteria GFAJ-1 necesita de cierta cantidad de fosfato para desarrollarse, incluso si puede sobrevivir en un ambiente rico en arsénico y con cantidades reducidas de fosfato.
La segunda investigación, dirigida por Marshall Reaves, de la Universidad de Princeton (EE. UU.), destaca que el arsénico por sí solo no basta para permitir que la bacteria se desarrolle.
Así, ambos trabajos no lograron encontrar indicios de que las moléculas de arsénico hayan reemplazado al fosfato.
De esta forma, el fósforo sigue siendo esencial para que los seres vivos puedan existir en la Tierra. Aunque la bacteria GFAJ-1 sea resistente al arsénico y pueda existir en un ambiente con menores concentraciones de fosfato, siempre lo necesitan para vivir.
“Las nuevas investigaciones muestran que GFAJ-1 no modifica los principios fundamentales de la vida, contrariamente a la interpretación de datos realizada por el equipo de Felisa Wolfe-Simon”, destacó la revista en su editorial, y continuó: “Si el estudio inicial se hubiera revelado exacto, un descubrimiento de ese tipo hubiera tenido importantes implicaciones para nuestra comprensión de las condiciones esenciales de la existencia de la vida tal como la conocemos”.
De hecho, Wolfe-Simon había reconocido haber detectado débiles niveles de fosfato en las muestras estudiadas, pero había concluido que esas dosis eran insuficientes para permitir el desarrollo de la bacteria GFAJ-1, lanzando entonces la hipótesis de la sustitución del fósforo por el arsénico, muy abundante en el ambiente en el que viven estos microorganismos.
“El proceso científico es naturalmente autocorrector, mientras que los investigadores intentan reproducir resultados de investigaciones que son publicadas”, comentó la astrobióloga Wolfe-Simon.