CINE DE RAÍCES, he aquí la propuesta fundamental de la coproducción franco-brasileña Estación Central que seduce en cartelera y se muestra orgullosa con su candidatura al Oscar como "Mejor película extranjera", de evidente éxito en su país de origen (Brasil) y en los festivales por donde ha transitado.
Encontrarnos con esta película es todo un halago, porque el cine latinoamericano -con ser tan nuestro- nos resulta muy distante por culpa de los mecanismos de distribución y de exhibición en un mercado copado por la producción hollywoodense, casi siempre tan mediocre y tan comercial.
Alegra la presencia de Estación Central, que pretende ser retrato de un fragmento de la realidad latinoamericana encarnada en Brasil. Por eso contribuye a la búsqueda de identidad de un territorio forjado en los más contradictorios elementos: entre la alegría y el dolor, entre el afán de crecimiento y la pobreza, entre el ímpetu de la dignidad y la explotación por los poderosos de siempre, entre la demagogia de los políticos y la sinceridad de los más humildes, entre el canto y el rezo.
La película es dirigida por Walter Salles y -de alguna manera- es una recreación poética de los afanes estéticos y sociales del cinema novo brasileño de los años 60 (el de figuras de realizadores como Glauber Rocha, Nelson Pereira dos Santos o Ruy Guerra).
El propio Walter Salles lo explica: "Estación Central quiere acercarnos a este país (Brasil) que busca su propio pasado por medio de una pequeña y sencilla odisea: un niño que busca a su padre, una mujer que busca sus sentimientos y un país que busca sus raíces".
Por ahí juega el argumento del filme: la protagonista del relato es Dora (Fernanda Montenegro, laureada por esta actuación), antigua maestra de escuela que escribe cartas dictadas por personas analfabetas, quienes pasan por la estación del tren. Desde diferentes ciudades y suburbios los trabajadores acuden a ella. Entre sus clientes están Ana (Soia Lira) y su niño de 9 años, Josué (Vinicius de Oliveira), quien tiene el deseo urgente de conocer a su padre.
Dora y Josué emprenden un viaje odiseico para cumplir sus sueños. Según Walter Salles, "hay un paralelismo entre la búsqueda del padre que llevan a cabo los protagonistas de la película y el viaje a los rincones menos conocidos del Brasil".
Así, Estación Central se mete en el mejor estilo del cine latinoamericano y es arte del compromiso, cinta cargada de amor y crítica fraterna para con los sujetos y sucesos que dan cuerpo al relato. (Como nota, recordemos que otra película brasileña, igualmente testimonial, pretendió colarse el año pasado en la ruta del Oscar; se trata de Cuatro días de setiembre, de Bruno Barreto, que no llegó a nuestro país.)
Por otra parte, dice José Enrique Monterde en la revista española Imágenes, "queda a salvo en Estación Central esa voluntad de reconstruir un cine nacional capaz de absorber del cine mundial aquello que pueda vivificarlo antes que sumergirlo en la banalidad de las formas globalizadas de representación". ¡Así es!
Cómo, dónde, cuándo
Estación Central se exhibe en los cines Magaly, San Pedro, Plaza Mayor, Cinemark.
Valor de la entrada : De ¢600 a ¢1.200, según la sala (pensionados pagan la mitad).
Horario : Funciones regulares.