Turrialba. Impecablemente vestido de blanco, como los médicos de "antes", y apoyado en su bastón, el doctor Lejarza recorre su espaciosa y antigua casa, que data de 1947.
A sus 89 años, aún ejerce y es médico de cabecera de varias familias de la ciudad de Turrialba. Él ha sido testigo de los cambios sanitarios y la modernización de este cantón en donde, confiesa, ha pasado sus mejores años.
Guillermo Lejarza Zambrana, oriundo de Granada, Nicaragua, manifiesta: "soy médico de exportación, vine al país en 1937, a solicitud del gobierno de León Cortés, que escribió a la Universidad de Nicaragua, requiriendo profesionales recién graduados y me seleccionaron".
Para siempre
"En principio, mi idea era quedarme un año y viajar luego a Venezuela; sin embargo, por las vueltas de la vida, en Puntarenas, mi primer trabajo, conocí a la que fuera mi esposa Nora Garrido (q.d.D.g) y nunca más me rondó el pensamiento de abandonar este país".
Después de laborar en Puntarenas, prestó sus servicios en otras localidades del país, pero en 1945 fue contratado por el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA), hoy llamado Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura e instalado en Coronado, San José.
Su misión era encargarse de la Unidad Sanitaria Modelo y "sanear" la población turrialbeña, con lo cual se convirtió en uno de los primeros médicos en llegar a esta alejada comunidad, según la percepción de los capitalinos de la época.
El médico, nacionalizado costarricense, se encontró con una población enferma. "La gente presentaba diferentes padecimientos como malaria, paludismo y anquilostomas".
Pueblo insalubre
Cuenta Lejarza que en esa época Turrialba era un lugar insalubre; por sus condiciones de clima tropical era blanco fácil para estas enfermedades, además de que muchas normas de higiene no se contemplaban.
"En una de mis primeras inspecciones en el tanque de captación de agua, nos encontramos un excusado de hueco, imagínese la calidad de agua que se estaba consumiendo".
Posteriormente, debido al retiro del IICA de Turrialba, el galeno dejó de laborar en la Unidad Modelo. "Fue la oportunidad para independizarme e instalar este consultorio médico", agrega mientras señala la vetusta edificación propia de los años 50, de donde nunca se ha movido.
Tierra de exilio
Cuenta la historia que Turrialba no fue, antes de su fundación como cantón, un lugar del cual se preocupara el gobierno. Más bien, la campiña se utilizaba para enviar al destierro a personas indeseables del ámbito nacional.
"Aunque esto sucedió antes de que yo llegara, sí supe que Turrialba estuvo en el ostracismo y que asesinos, ladrones y contrabandistas eran enviados de dos a tres años a este lugar como un castigo, debido a la lejanía y las condiciones tan difíciles del clima; era una zona pantanosa".
"Gracias a Dios, todo esto desapareció y hoy tenemos un lugar lindo, con gente muy respetada, en donde elegí morir".
Lejarza tiene tres hijas y tres hijos; no obstante viven fuera de la localidad turrialbeña. En la actualidad, el médico es atendido por una servidora doméstica, que tiene 12 años de laborar en la casa.
Hoy su compañía son sus fieles pacientes, que llegan en busca de alivio a sus problemas de salud.
Pacientes por 50 años
"No sé qué vamos a hacer cuando falte el Dr. Lejarza", dice Juan Yee, de 73 años, oriundo de Cantón, China y hoy reconocido empresario del cantón turrialbeño.
Yee llegó a esta campiña, procedente de su país, el 18 de julio de 1949; dos días después conoció al médico en una fiesta familiar.
Desde esa época, o sea, desde hace 51 años y hasta la fecha, su salud, la de su esposa, Flor Estrada, y la de toda su familia, han estado en las manos del galeno.
Otro de sus pacientes es el exdiputado Álvaro Fuentes Ramos, quien lo visita desde que era niño.
Médico para el alma
En general, sus pacientes lo describen como un hombre conversador y alegre, pero detrás de esa forma de ser está el médico que indaga, que observa, que escucha.
"Un buen médico debe escudriñar a sus enfermos no solamente por sus dolencias físicas, sino también por aquellas sentimentales o motivacionales; hay que escucharlos, mirar su forma de hablar, sus gestos; muchas personas enferman y hasta mueren de tristeza o preocupación. Son dolencias del alma".
La vida de Lejarza no solamente se ha visto vinculada a la gente del centro de Turrialba. Tiene una estrecha relación con los campesinos de los alrededores del cantón y fuera de éste, a los que muchas veces ha atendido aunque no tengan dinero para pagarle.
Por eso, el exdiputado Fuentes lo considera como parte del importante del desarrollo que tuvo la ciudad de Turrialba.
En el libro Turrialba: un vistazo al pasado, de Rafael Ángel Velásquez, se asienta la llegada del médico: "...unido a una gran lucha por mejorar las condiciones de salud (de Turrialba) en las que también contribuyó el IICA, trayendo médicos que como el Dr. Guillermo Lejarza, dan asistencia a los lugareños a fin de aliviar sus penas y enfermedades".
Después de su consulta, este médico importado de Nicaragua, que adoptó Costa Rica como su tierra, se interna en su casa con sus pensamientos y recuerdos. Confiesa que el Colegio de Médicos le ha pedido que se pensione, sin embargo, él se niega: "voy a ejercer hasta que Dios me lo permita".