El famoso teórico del arte británico John Ruskin nunca quemó los dibujos eróticos del pintor JMW Turner (1775-1851), contrariamente a lo que aquél afirmó en su día y a la persistente leyenda.
Ian Warrell, experto de la Tate Gallery londinense, que ha estudiado cuidadosamente el legado del artista, está convencido de que no hubo tal hoguera, según informó ayer el diario The Guardian .
Ruskin (1819-1900), con fama de pudibundo, ocultó, sin embargo, entre legajos de papeles las obras en las que su amigo pintor mostraba las partes pudendas de las mujeres representadas.
Los centenares de dibujos supuestamente destruidos, que tienen una fuerte carga erótica, se encuentran casi todos prácticamente seguros en la colección de la Tate Gallery, afirma el experto que los ha examinado.
Ruskin, que se ocupó de administrar el legado de Turner, pintor de paisajes y marinas y extraordinario colorista, al que veneraba, se ufanó públicamente de la supuesta quema de esos dibujos, que calificó de totalmente inexcusables y hasta incomprensibles.
Defensa de la censura
El crítico victoriano llegó incluso a escribir una carta en la que afirmaba haber autorizado y sido testigo directo de la destrucción en la hoguera de los dibujos, en diciembre de 1858.
Entre los motivos por los que Turner pudo haber presumido de algo que no tuvo lugar, el experto de la Tate cita la aprobación, en 1857, de una ley contra las publicaciones obscenas que provocó auténtica paranoia y temor entre los responsables de las colecciones de arte a ser perseguidos judicialmente.
Turner nunca se casó ni se sabe que tuviese hijos, pero el experto de la Tate piensa que muchos de los dibujos, incluido uno de una mujer dormida, representan probablemente a Sophia Booth, dueña de una pensión de Margate, con la que es seguro que el pintor tuvo una larga relación sexual.