Día para vivir

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La tristeza a veces viene a anidar en nosotros. Dejémosla pasar adelante y arrellanarse en nuestro sofá favorito. Es frívola, y no tardará en irse. Lo importante es que no se quede a residir con nosotros. No ofrecerle resistencia, porque entonces además de tristes nos vamos a sentir impotentes. Dejarla ahí, que se pavonee, que se luzca, que haga su numerito de tap-dance . Que nos amenace con casarse con nosotros, y se venga con maletas y todo. Invocaremos el tiempo, que dicen que todo lo cura, y ella nos responderá que no, que el tiempo no es tan buen médico, y que a veces el paso de los años hace las heridas más hondas, hasta adquirir la dimensión de fosas comunes. No le creamos: es fecunda en ardides, la señora.








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