1866 - 1925
Para derrocar a la dinastía Manchú y exigiendo reformas sociales, en 1894 fundó la Asociación para la Regeneración de China. Tras la desastrosa guerra chino-japonesa, tomó parte en un primer intento revolucionario; fracasado este, se refugió en Japón. En 1896 pasó a Inglaterra, donde miembros del personal de la embajada china lo secuestraron, y solo gracias a las presiones ejercidas por el gobierno inglés logró recobrar la libertad.
En 1905 fundó en Japón la Liga Revolucionaria China, mediante la cual atrajo a gran parte de las comunidades chinas residentes en el extranjero, que le fueron siempre de gran ayuda.
Pretendiendo implantar una república democrática que realizara la revolución económica y social conservando la cultura y características del país, expuso por vez primera sus tres famosos principios: Gobierno del Pueblo, o nacionalismo; Autoridad del Pueblo, o democracia; y Subsistencia del Pueblo, o socialismo. La hambruna que azotó al pueblo en 1910, dio impulso los movimientos contrarios a la monarquía Manchú.
En 1911 fundó el Kuomintang, partido político que logró transformar la marea antimanchú en un movimiento pro-republicano y obligó a abdicar al emperador. Sun Yat-sen juró el cargo de presidente provisional de la primera república en 1912; pero ante la intransigencia del ejército y para evitar un choque armado, renunció. En la mayor parte del país se impuso el general Yuan Chekai, quien estableció un régimen autoritario.
Sun Yat-sen formó un nuevo gobierno republicano en el sur del país, en Cantón, y en 1923 consiguió el apoyo de la Unión Soviética. Con ayuda de varias provincias del sur pudo expulsar de Cantón a su oponente y convertirse en jefe de la provincia. En 1924 marchó al norte para negociar con los disidentes, pero falleció en Pekín poco después.
A su muerte, tanto el ala nacionalista del partido como los comunistas, pretendieron ser sus auténticos herederos. La veneración que inspira a sus compatriotas se plasma en el enorme mausoleo que erigieron a su memoria.