1852-1916
Nació en Glasgow; varios de sus antepasados fueron científicos. Estudió en la Universidad de Glasgow y, cuando obtuvo la licenciatura, se trasladó a Alemania; en Heidelberg se especializó en química, siendo discípulo de Bunsen. De nuevo en su país, en 1880 fue nombrado profesor de Química del University College de Bristol, y director del mismo un año después. En Londres a partir de 1887, ejerció la docencia en el University College hasta 1913, fecha de su jubilación.
Durante su permanencia en Bristol comenzó la tarea de determinar con exactitud el valor de la densidad de los gases, investigación que lo llevó a convertirse, entre otras cosas, en experto soplador de vidrio. Por esa época, Rayleigh había mostrado que el nitrógeno del aire es más denso que el nitrógeno obtenido químicamente. Ramsay dedujo que tal hecho podía deberse a un gas más pesado que el aire hasta entonces desconocido, y dio comienzo a una investigación encaminada a descubrirlo; tuvo éxito en 1894 y lo bautizó con el nombre de argón. Mientras trataba de encontrarlo, detectó la existencia de otro nuevo gas, el helio, que hasta entonces solo había sido observado en el Sol. Continuó su investigaciones y descubrió tres nuevos gases inertes, kriptón, xenón y neón; propuso la agrupación de los cinco nuevos gases en un solo grupo de “valencia cero” incluido en la tabla periódica.
En 1910 detectó la existencia del sexto gas, el radón, producto formado con el helio a través de la desintegración radiactiva del metal radio.
Todos los gases nobles son muy poco frecuentes en la naturaleza, exceptuando al argón, y todos ellos tienen expectros sorprendentes. Su carácter inerte fue de gran importancia en las primeras teorías del enlace químico. A excepción del rarísimo radón, estos gases suelen enplearse en los tubos de descarga y en los tubos fluorescentes, donde su eficacia está estrechamente relacionada con la existencia de una atmósfera inerte. El helio líquido ha alcanzado una amplia difusión como agente criogénico (refrigerante extremo). Hombre amable y simpático, Ramsay gozó de aprecio general; realizó la totalidad de sus mejores trabajos científicos con colaboradores, para los que no escatimó reconocimientos. Falleció en Londres.