Su temática tanto en las novelas como en las obras de teatro gira alrededor del amor y el matrimonio, y aunque se preocupa por desmenuzar psicológicamente los sentimientos, razona demasiado y sus piezas teatrales se apoyan muy especialmente en los diálogos, en la palabra preciosista. En sus obras, los personajes femeninos tienen enorme importancia. Su biógrafo dice: "Pocos autores como Marivaux tratan el amor con tanto realismo y sentido común, sin exageraciones librescas y malamente literarias". No obstante, Voltaire lo criticó duramente y dijo de Marivaux "que conocía todos los senderos, pero no el camino principal al corazón humano." Claude Roy asegura: "Ni los archivos, ni las anécdotas, memorias o correspondencias pueden informarnos en lo más mínimo sobre el auténtico Marivaux; él se halla enteramente contenido en su obra."
Nació en París; su padre era un modesto empleado en la administración de Hacienda de Limoges, y en esa ciudad Pierre-Carlet se relacionó con los buenos ingenios y se inició en la literatura; cuando tenía 18 años, con motivo de una apuesta, en pocos días escribió una pieza en un acto y en verso. Establecido en París desde 1710, frecuentó asiduamente los teatros y la tertulia de la marquesa de Lambert. Terció en la famosa "querella de antiguos y modernos" al lado de los defensores de estos últimos, y, además de criticar a los antiguos, ridiculizó en sus novelas las elucubraciones amorosas de las preciosas. Escribió tres ensayos en forma de revista: El espectador francés, El filósofo indigente y El gabinete del filósofo.
Su teatro, que tiene las apariencias de la futilidad y del capricho, del discreto galanteo y de la sonrisa fácil, es, en realidad, un teatro grave y con frecuencia cruel. Conoció el éxito con Arlequín, cortés para el amor en 1720, mas su única tragedia, Anibal , fracasó. Se considera su obra maestra La sorpresa del amor . Otros de sus títulos son El amor y la verdad, La doble inconstancia, La isla de los esclavos, El juego del amor y del azar, El triunfo del amor, El prejuicio vencido y Las falsas confidencias.
Falleció en París. P. Gazagne dice: "Por la elegancia de su estilo y el conocimiento de la naturaleza humana, singularmente de las emociones femeninas, Marivaux merece ser llamado el Racine del siglo XVIII."