Fue introductor en España de los métodos experimentales, de manera que le fue posible conciliar el espíritu de la Ilustración con la fe, y su afán de conocimientos con el dogma católico y los auténticos valores de la tradición racional.
Sus obras originaron largas y enconadas polémicas, y su personalidad despertó fuertes envidias y ardientes entusiasmos. Su actitud de acercamiento a Europa sin dejar de sentirse español, es la misma que está presente en las grandes personalidades del siglo XVIII. "Fue un espíritu europeo que se sentía incorporado a las ansias renovadoras del siglo, sin romper una sola de las raíces de su tradición nacional", dice Marañón.
Nació en Casdemiro , Orense. Renunció al mayorazgo que le correspondía como primogénito, y a los 14 años ingresó en la orden de San Benito. Cursó estudios religiosos en Lerez y Salamanca; desempeñó los cargos de pasante en el monasterio de Samos. En 1709 pasó al de San Vicente de Oviedo, donde recibió los grados de licenciado y doctor en teología.
En Oviedo compuso su célebre obra, Teatro crítico universal , en 8 volúmenes, y Cartas eruditas y curiosas . Su vida en la celda del monasterio fue la más adecuada a su fuerte personalidad de intelectual independiente. Reconociendo sus altos méritos, Felipe V le ofreció un obispado en América, y Fernando IV lo nombró consejero. Sin embargo, Feijoo jamás quiso renunciar a la libertad de su retiro, y no aceptó transacciones ni presiones en sus juicios críticos, que fueron siempre rectos en su intención y estrictamente conformes con la realidad de los hechos. Falleció en Oviedo.
Gozó de prestigio tanto en España como en el resto de Europa. Escribía con facilidad y nunca corregía sus textos.
Mantuvo correspondencia con importantes personalidades científicas y literarias. Con sus obras ganó cuantiosas sumas, que destinó en gran parte a obras de caridad. Es fama que con el producto de la venta de sus escritos se costeó el magnífico templo del monasterio de Samos.