En 1926, cuando su padre se proclamó rey de Hedjaz, fue nombrado virrey ; como tal representó al soberano en numerosas reuniones internacionales. Desempeñó un papel decisivo en las entrevistas de su padre con el presidente estadounidense Franklin Roosevelt en Yalta, y con el rey Faruk en El Cairo.
En 1956 falleció su padre y la corona recayó en su hermano mayor, que era el primogénito, quien comenzó a reinar con el nombre de Saud I. Faisal pasó a desempeñar las funciones de primer ministro, e inició una larga gestión de modernización de la estructura administrativa. Como titular de Finanzas, en 1958 promovió una amplia reforma económica destinada a sacar al país del atraso.
Las disputas con su hermano culminaron con el destronamiento de este en 1964. Los 12 grandes ulemas, el Consejo de Ministros y la Asamblea Consultiva acordaron proclamar rey a Faisal, quien llegó al poder con una trayectoria de gobierno más enfática que la del antecesor, y con una voluntad de modernización expresada en su frase: "Nada dentro del Corán puede impedir la evolución de un pueblo". Disponiendo de las fabulosas ganancias proporcionadas por el petróleo, reorganizó la administración, dio cierto impulso a la prensa (aunque siempre controlándola), atribuyó mayores poderes al Consejo de Ministros, impulsó importantes proyectos de desarrollo industrial y agrícola, y abolió -al menos legalmente- la esclavitud . Se separó de sus esposas para no conservar más que una, e influyó para que los beduinos crearan una escuela femenina. Propuesto a crear una clase dirigente, en 1972 su presupuesto para la educación llegó a ser igual al presupuesto general del Estado cinco años atrás.
Con el apoyo de Estados Unidos y su creciente influencia entre los países árabes, logró concentrar en su persona el mayor poder posible; era Jefe del Estado, primer ministro, responsable de las relaciones exteriores, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y "jeque de los jeques", cuando murió en Riad, a manos de su sobrino.