Es el primero de los grandes poetas trágicos atenienses; en este género se le ha considerado "el más grande de todos los tiempos".
De las más de 80 obras que se le atribuyen, solamente se conservan 7; ellas bastan para establecer el desenvolvimiento de la tragedia griega durante la primera mitad del siglo V, así como la personalidad y el genio de este autor, cuya mentalidad está llena de patriotismo, rectitud moral y religiosidad. A la estructura y puesta en escena de las tragedias, supo llevar fundamentales innovaciones: aumentó el número de actores, perfeccionó el aparato escénico y fijó la indumentaria de los personajes. Su arte y sus ideas son las de un innovador.
Nació en Eleusis. De noble linaje, su juventud corresponde a la época de la expulsión de los tiranos de Atenas y de las profundas reformas democráticas de Clístenes. En dos ocasiones visitó Sicilia. Probablemente hizo representar sus primeras tragedias a principios del siglo V, cuando la revuelta de los jonios y la incesante expansión del poder de los persas agitaban y angustiaban a sus compatriotas. En 490 combatió en Maratón. También presenció las batallas de Salamina y Platea; de manera que contribuyó personalmente a los triunfos de los griegos continentales y al incomparable resplandor que adquirió Atenas.
De su vida privada se desconoce todo, excepto que tuvo un hijo. Su carrera como dramaturgo, desde los inicios fue exitosa. Una de sus obras más antiguas es Las suplicantes; en ella el coro desempeña el papel principal, la acción es insignificante y casi nula, y ningún personaje presenta relieve especial; pero aun así, el genio del autor se afirma con esplendor: el lenguaje es apasionado y poético, y el tema se apoya en un problema moral, la justicia e injusticia humanas frente a la voluntad de los dioses. Los persas tiene por asunto la batalla de Salamina; en ella eleva a la altura de epopeya un acontecimiento contemporáneo. La guerra es también el motivo de Los Siete contra Tebas. Prometeo encadenado es obra que ha ejercido verdadera fascinación en la mentalidad europea; la altanera conciencia de la probidad del héroe, su insumisión y su determinación, lo han convertido en la perfecta encarnación del espíritu revolucionario. En La Orestíada Esquilo se enfrenta nuevamente con el problema de la justicia divina opuesta a la moral humana; las largas odas de los coros son de una belleza, un vigor y una profundidad que no tiene igual en todo el teatro griego; Swinburne dijo de ella que es la obra más considerable del espíritu humano. Esquilo falleció en Gela, Sicilia.