Nació en Tremeloo. Su nombre era Joseph Damien de Veuster. Estudió teología en la Universidad de Lovaina y, en 1863 ingresó en la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Teniendo por modelo a San Francisco Javier, viajó a Hawai y desempeñó los deberes de su sacerdocio hasta 1873. En esta fecha, por propia petición, se le trasladó a Molokai, donde el gobierno mantenía una colonia de leprosos. En esa época, las víctimas de ese mal eran consideradas aún por el mundo cristiano como los "leprosos" del Antiguo Testamento, proscritos en toda la tierra por "impuros". Cuando llegó el padre Damián, encontró que las condiciones de vida de estos pobres no podían ser más míseras; pero él se propuso modificarlas; se preocupó por dignificar al enfermo, mejorar su alimentación y ofrecerle asistencia médica, dotar a la colonia de agua pura y abundante, y levantar alojamientos higiénicos donde ellos pudiesen descansar; y para los inválidos, fundó un hospital.
Otorgando especial atención al aspecto espiritual de los necesitados, abrió escuelas, creó un economato, ayudó con sus propias manos a la construcción de una modesta iglesia, confortó a los moribundos, cavó fosas y enterró a los centenares de infelices que murieron durante su permanencia en Molokai. Infatigable en tan sublime tarea, logró el concurso de otros religiosos y de hermanos y hermanas de la Caridad. Introdujo en la colonia diferentes industrias domésticas, como la agricultura y la jardinería, y, para conseguir ayuda, tocó las puertas de varias instituciones europeas; trabajando en esta forma logró que el gobierno de Hawai organizara servicios médicos y hospitalarios en la isla.
En 1884 constató que se había contagiado del terrible mal; a partir de entonces inició sus sermones diciendo "Nosotros los leprosos..." La dolencia hizo rápidos progresos y el heroico misionero murió rodeado de aquellos enfermos para quienes había sido más que un padre y un amigo. Poco antes, el científico noruego Hansen dio a conocer al mundo que había identificado el bacilo de la lepra, y que este mal, contrario a lo que se creía, no era hereditario sino adquirido, tesis comprobada con la vida del padre Damián. En memoria de este sacerdote que hablaba 5 idiomas: su flamenco natal, francés, latín, inglés y hawaiano, los ingleses levantaron un monumento en Molokai.