Demuestran la placidez de su espíritu su amor a la infancia (en casi todos sus cuadros hay niños), la severidad afectuosa que aquieta y ennoblece el rostro de sus figuras, y la luz suave y blanda, grata a los ojos, de sus "interiores".
Se calcula que pintó cerca de 500 cuadros; entre ellos destacan La huida a Egipto, Santa Ana dando lección a la Virgen, La adoración de los pastores, La Sagrada Familia del pajarito, La escala de Jacob, San José con el Niño Jesús, y Niños comiendo frutas . El de mayores proporciones es Aparición del Niño Dios a San Antonio de Padua. Ceán Bermúdez distingue en su producción tres etapas: fría, cálida y vaporosa. El colorido, oscuro y opaco al principio, se convierte al final en brillante y luminoso.
Nació en Sevilla. El apellido Murillo con que ha pasado a la historia del arte lo tomó de la esposa de su tío, quien lo adoptó cuando a la edad de 10 años quedó huérfano. En su adolescencia fue aprendiz y criado del maestro Juan del Castillo. En Madrid, ciudad a la que llegó en 1644, Velázquez -que gozaba ya de la plenitud de la fama - lo recibió fraternalmente, le dio varias lecciones que él supo aprovechar, e intentó retenerlo a su lado. Pero al Murillo provinciano la vida de la corte no le satisfizo y decidió retornar a Sevilla.
En 1646 recibió el encargo de realizar once composiciones para el convento de San Francisco, labor que hizo en menos de tres años. Su espíritu, profundamente religioso, halló así su verdadero camino artístico, en el que obtuvo dinero y fama. El renombrado don Miguel de Mañara (en cuya legendaria vida se basó Zorrilla para crear el Don Juan Tenorio ) le encargó varios cuadros para la capilla del Hospital de la Caridad, donde se conservan óleos, frescos y dibujos suyos. Cayó del andamio en que trabajaba y murió a consecuencia del golpe. Fue sepultado en la iglesia de la Santa Cruz de Sevilla.