1785 - 1849, cantante. Cantante italiana. Históricamente su importancia es grande, pues en ella se realizó la transición de las "belcantistas" bien dotadas pero frías y tiránicas del siglo XVIII, a las ardientes divas románticas, heroínas de la acción dramática, como la Malibrán, la Pasta y las Grassini.
Nació en Sinigaglia. Niña prodigio , recibió las primeras lecciones de música en el convento de Santa María, donde su voz causaba sensación y atraía multitud de curiosos. A los 14 años se trasladó a Florencia para disciplinar sus exuberantes medios vocales. En 1797 debutó en el Fénix de Venecia y triunfó ampliamente. Con gran éxito cantó luego en Florencia, Milán, Trieste, Roma y Nápoles. En 1800 fue contratada en Lisboa, y en esa ciudad permaneció actuando los siguientes seis años.
Casada con un oficial francés, en 1806 fue a la Opera de París y ofreció tres conciertos, para los que el precio de las localidades se triplicó. "Su voz, muy extensa y potente, de vocalización precisa y acentuada (sobresalía en los staccatos lo mismo que en los cromáticos, que desarrollaba en cascadas de notas diamantinas), su belleza y su porte, levantaron una admiración frenética", dice su biógrafo Guy Dumazert. Napoleón la llamó a las Tullerías y le ofreció cien mil francos por un contrato; ella rehusó, y huyó de Francia hacia Londres, donde la reclamaba un compromiso anterior con una situación de fortuna sin precedentes; se dice que le pagaban 200 guineas solo por cantar el Himno Dios salve al Rey.
Gracias a sus inauditas ganancias fue la primera cantante que llevó un tren de vida regio, y el menor de sus honorarios era suficiente para saldar las deudas de juego de su marido. En triunfo recorrió Francia, Inglaterra, Dinamarca, Suecia y Holanda. Regresó a París como prima donna del Teatro Italino, y luego fue nombrada directora; en esta labor fracasó por su carácter, ya que era orgullosa, imperiosa y exclusivista; celosa de toda suerte de superioridad, no podía soportar a su lado más que a mediocres.
En 1818 volvió a emprender sus viajes ; realizó giras en Alemania, Polonia y Rusia. En 1828, en Dublín, puso fin a su carrera artística. Falleció en París, víctima de la epidemia del cólera. Su biógrafo concluye: "Como sucede con todas las vocalistas que precedieron a la invención del fonógrafo, es difícil intentar una exégesis de la personalidad, de la técnica, de la tesitura misma de la Catalani. Parece haber imperado por poseer un órgano magnífico de soprano dramática, de timbre seductor y fascinante. Pero carente de acento y sentimiento dramáticos: cantante de concierto.