Poeta lírico griego, más famoso por la reputación de que gozó entre sus contemporáneos que por los escasos fragmentos que han sobrevivido de su obra.
Compuso cinco libros de himnos, elegías y cantos eróticos; en sus odas, sobresalientes por la delicadeza del estilo, canta la juventud, los placeres de la vida y los goces del amor y el vino. La poesía que posteriormente trató estos mismos temas ha sido llamada "anacreóntica"; en español la cultivaron poetas de los siglos XVI, XVII y XVIII, como Gutiérrez de Cetina, Quevedo, Villegas y Meléndez Valdés. Gracias a la edición que de la obra de Anacreonte hizo el filólogo alejandrino Aristarco de Samotracia, se sabe que su producción se dividía en poesía lírica , elegiaca y yámbica. El profesor Perrotta considera que nada revela mejor la concepción que de la vida tenía este poeta, que el fragmento de una elegía en que dice: "Yo no amo al que, bebiendo vino junto a la crátera llena, habla de contiendas y de guerras lamentables; yo amo al que, reuniendo los espléndidos dones de las Musas y de Afrodita, se acuerda de la amable alegría"; Anacreonte es, por lo tanto, el poeta inimitable de esta alegría ligera y moderada, que no ignora la pasión, pero logra dominarla.
Nació en Teos, ciudad jónica del Asia Menor. Ante la inminente invasión persa , huyó a Abdera, en Tracia, cuyas costumbres describió en sus poemas. Después, en Samos, fue preceptor y poeta de la corte del tirano Polícrates, a cuyo servicio permaneció hasta que la isla cayó en manos de los persas. Este período cargó su inspiración de tonos eróticos y sensuales. Establecido en Atenas, conoció y trató a otros grandes de su tiempo: Hiparco, Jantipo, Critias y tal vez también a Esquilo. Luego marchó a la corte de Tesalia. Se cree que murió en Teos.
Ninguna de sus poesías se conserva completa. Escribía para recitado individual acompañado de música, epigramas, elegías y versos yámbicos . Su biógrafo explica: "No podemos hablar propiamente del pensamiento del poeta, pues el tono y el tema de sus poemas se refieren solo a lo estético externo y a lo sensorial o sensual, eso sÏ, expresados con refinada y decadente elegancia formal. Siempre dentro de contención, medida, sencillez y sobriedad, el autor expresa su serena y práctica mentalidad, que no es fruto de principios morales ni de planteamientos religiosos. El culto dionisíaco que trasluce el clima de su poesía debió ser el de su género de vida. Las "Anacreónticas", sesenta poemas romanos y bizantinos, parten de esa visión sensualista y de placer, pero sin duda exagerando la que debió de ser realmente la forma de vivir de Anacreonte".