Gracias a su elocuencia y a la defensa de mejores condiciones de vida para la gente de color, alcanzó gran popularidad . Como diputado del Congreso federal, apoyó a los abolicionistas de Washington. Su decidida oposición a la guerra contra México, (a cuyo final Estados Unidos obtuvo los territorios de Alta California, Nuevo México, el norte de Sonora, Coahuila y Tamaulipas, y la anexión definitiva de Texas) le restó votos y fracasó en las elecciones senatoriales de 1849. Se retiró de la política y durante seis años trabajó como procurador. Cuando en 1854 el problema de la esclavitud volvió al plano político nacional, Lincoln regresó a las lides. Aunque inicialmente no apoyaba la abolición de la esclavitud en los Estados en que existía especialmente en los del Sur, se opuso a que se instaurase en aquellos que no la habían tenido. Particularmente célebre por la vehemencia de su verbo y la solidez de sus argumentaciones fue su discurso antiesclavista Peoria .
Comprometido en tal causa, se afilió al partido Republicano en 1856. Derrotado en las elecciones al Senado de 1858, la intensidad de la campaña y su elocuencia le devolvieron la popularidad. Elegido candidato a la Presidencia, la división de los demócratas le ayudó a triunfar en las elecciones de 1860, pero antes de asumir las funciones, Carolina del Sur levantó la bandera segregacionista, haciendo inminente la guerra civil. Lincoln intentó restaurar la unidad, propuso la colonización del Oeste y una abolición progresiva; los sudistas intransigentes no aceptaron, por lo que el 1 de enero de 1863 decretó la emancipación de los esclavos. En 1864, cuando las fuerzas del Norte dominaban casi por completo la situación militar, fue reelegido para un nuevo mandato. No pudo realizar su programa de reconstrucción nacional pues 5 días después de la finalización de la guerra de Secesión, fue asesinado en Washington, mientras asistía a una representación teatral.