Este debate que ocupa los tribunales estadounidenses desde hace una quincena de años, y hasta llegó hasta la Corte Suprema en 2006, tiene su origen en 1930, cuando el autor británico A. A. Milne, el creador del pequeño osezno aficionado a la miel, le vendió sus derechos en América del norte a Stephen Slesinger, un pionero de las licencias comerciales que ya poseía los derechos sobre Tarzán.
A la muerte de Slesinger, su viuda aceptó negociar los derechos con el grupo Walt Disney, que convirtió a Winnie en uno de sus personajes más rentables. El primer acuerdo entre la familia Slesinger y el grupo de entretenimientos, concluido en 1961, fue renegociado en 1983.
Algunos años más tarde, la familia inició acciones legales contra Disney para reclamar regalías suplementarias. Por su parte, Clare Milne, nieta del creador, denunció entonces la transacción de 1930 e intentó, con el apoyo de Disney, recuperar los derechos de su abuelo.
Pero el jueves un juez federal de Los Angeles dio la razón a Slesinger contra Disney y Clare Milne, según el abogado Barry Slotnick.
"Ahora que las reivindicaciones injustas de Disney han sido rechazadas, podemos concentrarnos sobre las acciones lanzadas por Slesinger contra Disney", añade Slotnick en un comunicado.
Según el abogado, la familia Slesinger reclama más de 2.000 millones de dólares. La AFP intentó sin éxito el contacto con un abogado de Disney.
© 2007 AFP