Para la mayoría de las personas, dejar de fumar no es tan sencillo como simplemente decir: "ya no más". Implica un sacrificio mucho más grande e incluso, en algunos casos, un largo y doloroso proceso.

Son muchas las recetas que andan por ahí y, según afirman, logran que la persona deje de fumar. Sin embargo, más allá de una receta mágica o de una pastilla milagrosa, dejar el cigarrillo requiere, por lo menos, así lo creen los especialistas, fuerza de voluntad, actitud positiva y la ayuda de quienes han vencido el vicio.
Terapias en común
Cuando se deja de fumar o se baja la dosis de nicotina que entra en el cuerpo, el fumador experimenta lo que los expertos llaman el síndrome de supresión, que provoca, como síntomas, dependencia profunda, depresión, irritabilidad, ansiedad y dolores de cabeza, entre otros malestares.
Precisamente el síndrome de supresión es el primer factor de recaída de los fumadores. De ahí que una parte muy importante de cualquier tratamiento que pretenda hacer que las personas dejen de fumar, es ayudar al paciente a sobrellevar esas molestias.
"La persona debe entender que tiene un problema incurable. Entonces le conviene entrar en un programa de abstinencia", explicó el psiquiatra especialista en adicciones, Luis Eduardo Sandí.
El doctor, quien trabaja en el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), agrega que "el éxito de cualquier modelo de tratamiento es el seguimiento que se haga del paciente y su situación".
Según el médico, la mayoría de las personas que han participado en algún programa para dejar de fumar, recaen entre los tres y los seis meses siguientes.
De ahí que una de las principales acciones que siguen los grupos que ayudan a los fumadores a dejar el cigarrillo, es el seguimiento telefónico.
El trabajo grupal -opina Sandí- es lo más importante, ya que funciona como un espejo en el que la persona puede ver lo que eventualmente le sucedería si continúa con su adicción y, por el contrario, cómo vive la gente que logró dejar el vicio.
Un factor que puede hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso es la motivación. "Cuanta más motivación tenga un fumador para dejar de fumar, más rápido buscará ayuda y será más consciente de que tiene un problema", finalizó diciendo Sandí.
Dos opciones
A continuación damos dos opciones, entre otras, de grupos que lo ayudarán a dejar de fumar:
Grupo Fumadores Anónimos, se reúne todos los martes, a las 7 p.m., en el IAFA, la participación es gratuita. Informes, 224-6122.
Taller para dejar de fumar del grupo Endocultor S.A., dura cinco días, en sesiones de 2 p.m. y 6:30 p.m., en barrio Amón, cuesta ¢15.000. Informes, 224-1121.
El cese abrupto
Existen muchos métodos para dejar de fumar; sin embargo el que ha dado mejores resultados es el cese abrupto. Produce lo que los expertos llaman síndrome de supresión o abstinencia a la nicotina, que se da como resultado de la ausencia del químico en el cerebro.
Existen algunas estrategias que preparan a la persona para el cese abrupto:
Elimine de su casa, automóvil y lugar de trabajo, todo estímulo (cigarrillos, ceniceros y objetos olorosos a cigarro) que lo induzca a fumar.
Evite el contacto con fumadores.
Empiece a hacer ejercicio.
Practique ejercicios de respiración. Tres o cuatro inhalaciones profundas y aspiraciones lentas.
Reduzca las situaciones que lo ponen tenso.
Hable con su familia y compañeros de trabajo sobre su decisión de dejar de fumar y busque que lo apoyen.
Establezca contacto con un exfumador para que lo "apadrine" en su esfuerzo.
Planeé qué va a decir y cómo va a enfrentar las situaciones en que le ofrezcan cigarrillos.
Existen otras recomendaciones para el momento en que aplique el cese abrupto:
Si aparece la insidia (necesidad imperiosa de consumir tabaco), llame a un exfumador, respire profundamente unas cuatro veces y salga a caminar. Si esto no funciona y tiene los deseos de fumar, espere diez minutos, póngase a hacer otra cosa y el deseo pasará.
Utilice sustitutos orales (como confites) para satisfacer la costumbre de tener algo en la boca.
Utilice sustitutos manuales (como lápices) para bloquear la necesidad de tener algo en la mano.
Tenga un sustituto para el efecto estimulante. Inicie una rutina de ejercicios para favorecer el proceso de desintoxicación de la nicotina. Esto le ayudará a aliviar el síndrome de supresión o abstinencia.
Repase constantemente todos los beneficios que obtendrá si deja de fumar.
Valore diariamente los cambios positivos y los beneficios que ha obtenido desde que dejó de fumar.
Manténgase alerta, la meta es la abstinencia total.
Satisfacción engañosa
a nicotina es el componente psicoadictivo del tabaco que produce dependencia química. Se le denomina psicoadictivo porque causa un efecto estimulante y relajante que actúa en áreas específicas del cerebro, "enseñándole" a sentirse bien.
Por esta razón, el individuo no puede dejar de fumar, ya que su cerebro tiene una dependencia química de ese componente. La adicción produce entonces una serie de padecimientos en el fumador, que se pueden observar en el siguente gráfico:

Fuente: Richmond R. Hágase un no fumador, 1989.