Ottawa. DPA El pequeño bulto de piel blanca con ojos negros muy redondos no se mueve cuando el hombre con gafas de esquí se le acerca. Los bebés de foca pía no tienen miedo del ser humano y por lo tanto son un botín fácil para los cazadores.
Pero de momento no cae ningún garrote sobre el animal.
El hombre que se arrastra sobre la panza por el hielo canadiense es vegetariano y defensor de los animales desde hace décadas.
Sir Paul McCartney, de 63 años, se trasladó junto con su esposa Heather Mills, de 38 , al Golfo de San Lorenzo, para denunciar la caza anual de las crías de foca. Y sin duda tiene garantizado un eco mediático a nivel mundial.
Ya antes de que el ex Beatle aterrizara en la zona, el gobierno canadiense reaccionó con nerviosismo. Un portavoz del Ministerio de Pesca recordó al visitante proveniente de Inglaterra que está prohibido tocar a las focas, porque los animales pueden sentirse perturbados. El hecho de que en pocas semanas les romperán la cabeza con un garrote es otra cosa, según esta lógica: "Los cazadores tienen licencia".
Molesto. Paul McCartney calificó la caza de focas como una vergüenza para Canadá: "Confiamos en que el primer ministro Stephen Harper actúe rápida y decididamente, para poner fin para siempre a la matanza de estos bebés de foca indefensos", declaró.
El conservador ministro de Pesca, Loyola Hearn, sólo puede sacudir la cabeza ante tanta ingenuidad: "Todos los años es igual. Empezó con Brigitte Bardot. Le recomendaría al señor McCartney estudiar lo importante que esto es para la economía local".
El jefe del gobierno regional de Terranova y Labrador, Danny Williams, añadió que los cazadores de focas sólo quieren algo de comer y para vestir a sus niños.
En la prensa canadiense, en tanto, se burlan a rabiar del músico: "McCartney debe tener cuidado de que la capa de hielo no se rompa ante el peso de su ego", bromeó el diario Winnipeg Sun.
La caza de focas en el Golfo de San Lorenzo y la costa de Terranova es, según Greenpeace, una de las mayores matanzas masivas de mamíferos marinos del mundo.
Según los datos en los pasados tres años, fueron matados más de un millón de animales. De mediados de marzo a mediados de abril el hielo se tiñe de rojo.
Según las asociaciones protectoras de animales, una de cada dos focas es despellejada viva. El tes t que sirve para determinar si el animal realmente está muerto muchas veces no se realiza. El gobierno canadiense lo niega.
Phil Jenkins, portavoz del Ministerio de Pesca, dijo tras una conversación con McCartney que éste está mal informado.
"Sir Paul me manifestó el temor de que la supervivencia de las focas pías puede ponerse en peligro por la caza. Pero su número se multiplicó por tres desde los años 70 y ahora asciende a 5,8 millones", comentó.
Luego de que el mercado viviera momentos de crisis hace veinte años, ahora la piel vuelve a ser demandada, también en Europa. El año pasado se mataron por eso más focas que en los 50 años anteriores.
"No se puede negar que los pequeños tienen un aspecto adorable y que la matanza es cruel", admite el cazador de focas Jack Troake, de 70 años. "Pero lo hacemos desde hace 500 años. Es parte de nuestra cultura y nuestra historia".