Los Angeles. El teléfono sonó y Debbie Reynolds levantó el auricular. "Hola Elizabeth, ¿cómo estás?"' dijo. Y en un susurro explicó a un visitante: "Es Elizabeth Taylor".
A un periodista presente, la conversación le pareció algo más bien extraño. Después de todo, hace 43 años, Taylor le quitó el esposo a Reynolds y desató con ello uno de los escándalos más grandes que registra la historia de Hollywood.
Al concluir la conversación, empero, Reynolds dijo: "Elizabeth ha tenido una vida muy dramática, y nadie sabe cómo ha logrado sobrevivir. Alguien allá arriba la cuida mucho, porque para superar todas esas enfermedades reales porque uno no se inventa un tumor en el cerebro se requiere por lo menos un milagro. Ahora, ella no quiere otra cosa que hacer el bien".
Debbie recuerda que, en los viejos tiempos, "si Elizabeth quería a un hombre lo conseguía, cayese quien cayese. Ella misma lo admite... Y se ríe mucho cuando se habla de por qué quiso a Eddie (Fisher, el esposo de Reynolds). Fue sólo porque Mike Todd había muerto y Eddie era su mejor amigo. Ella pensó que debían estar juntos para poder hablar acerca de Mike Todd todo el tiempo".
Recuerdos de Hollywood
La entrevista se desarrolló en la sala de la residencia que Reynolds ha ocupado durante 19 años en una sección de clase media de North Hollywood, no lejos de la modesta casa de Burbank donde se crió.
La sala estaba llena de objetos de todo tipo: desde un osito de peluche y figuras de Disney, hasta fotos de sus hijos Carrie y Todd y un retrato autografiado de Cary Grant.
La casa también le ha servido de refugio durante los períodos en que ha quedado sin un centavo en el banco, una situación que la estrella atribuye a malos matrimonios.
"Todos mis esposos me robaron todo", declara con calma, sin demasiada amargura en la voz. "El único que no se llevó nada fue Eddie, pero tampoco pagó ninguna manutención para los niños".
Reynolds se prepara para mudarse a una residencia frente a la de su hija Carrie Fisher. La razón es que desea estar cerca de su nieta Billie Catherine, de nueve años.
Sobreviviente
A los 69 años Reynolds conserva una gran fortaleza de ánimo, sobre todo considerando las tragedias que le han ocurrido recientemente, entre ellas la bancarrota de su hotel de Las Vegas, donde actuaba sin descanso, la muerte de su madre y de su asesora Lilian Burns Sidney, y su caída más reciente, en que se fracturó la cadera y un tobillo. "Pero aquí estoy todavía", anunció aludiendo a una pieza de Stephen Sondheim sobre la supervivencia de las estrellas.
Su primera película como protagonista fue Singin' in the Rain (Cantando bajo la lluvia), que filmó con Gene Kelly en 1952 para los estudios MGM. "Gene Kelly fue duro conmigo, pero creo que no le quedaba otro remedio. Tuve que aprenderlo todo en un plazo de tres a seis meses. Donald O'Connor había estado bailando desde que tenía tres meses. Gene desde que tenía dos años. Cyd Charisse y todos los demás tenían tanto talento... Para poder sobrevivir junto a ellos yo tenía que ser puesta a prueba, y creo que Gene se dio cuenta de ello.
"Yo estaba aterrorizada y lloraba; practicaba y ensayaba todo el tiempo, hasta que me sangraban los pies; hacía todo lo que podía, pero lo que tenía que aprender era tanto..."
No obstante, Singin' in the Rain fue un gran éxito, y para Debbie significó el comienzo del estrellato.