En Costa Rica, el que quiere escuchar un mariachi va a La Esmeralda. Eso lo sabe todo el mundo. Al calor de unas cervezas y unas "boquitas", el que se enfiesta paga con gusto los ¢2.000 ó ¢2.500 que le cuesta escuchar una canción en su propia mesa.
Grupos de amigos, ticos que llevan a sus conocidos extranjeros a ver "lo bien que se pasa ahí", parejas que se miran hechizadas, gente que sale de sus trabajos y hasta masoquistas que llegan a echarse sal en la herida luego de una ruptura amorosa&...; todos forman parte del paisaje.
Lo que no es tan fácil de percibir es la cantidad de peripecias y anécdotas que pasan los mariachis en una noche cualquiera, en ese famoso bar y restaurante.
En Tiempo Libre queríamos conocer cómo es la rutina de una noche de un mariachi para después, si teníamos suerte, irnos de serenata con ellos. Por eso, visitamos La Esmeralda el viernes 22 de enero, de 11 p. m. a 1 a. m. y el jueves 29 del mismo mes, de las 9:30 p. m. a las 11 p. m.
Discretamente, le preguntamos a uno de los meseros, de esos que parecen sabérselas todas, cuáles mariachis son los más conocidos y buscados: "Eso depende mucho pero, para mí, los mejores son Las Águilas de Michoacán y el mariachi América".
Con esa referencia, y dado que Las Águilas de Michoacán no estaban en ese momento en La Esmeralda, decidimos acompañar al Mariachi América. Sin embargo, las dos noches escogidas estuvieron "saladas": no hubo contratos de última hora.
¿Qué hacen los músicos cuando eso sucede? Matan el tiempo. Juegan "tablero" con chapas de gaseosas que hacen las veces de fichas, escuchan walkman, se toman un café negro en el estrecho puesto de comidas contiguo al bar, conversan con sus "colegas", practican alguna tonada de la que no recuerdan bien la letra o hablan por celular.
Algunos aprovechan el ratito y se van al teléfono público del restaurante chino de a la par, llaman a sus esposas, se aseguran de que sus hijos estén bien, preguntan si los ha llamado algún cliente. Luego, vuelven, se sientan a escuchar a los músicos que en ese momento están cantando alrededor de alguna mesa, y revisan la pizarra que se encuentra a la entrada del bar, en la pared de la derecha.
En esa pizarra, todos los mariachis colocan su nombre en el orden en que van llegando. Entonces, si aparece algún cliente (que llega directamente al local o que llama al teléfono blanco que, pegado a la pared, funciona exclusivamente para tal fin), el mariachi que está de primero en la lista se lleva el contrato.
Aunque en las dos noches escogidas no tuvimos suerte, la ventaja fue que el mariachi América, con 17 años de fundado, mucha experiencia y mejor fama, tenía varios compromisos prefijados para el viernes 29 y para el sábado 30.
El viernes cantaron en el restaurante Padrísimo a las 6 p. m.; en la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica, a las 8:30 p. m.; en el Jardín Cevichero de San Sebastián a las 9 p. m.; en el restaurante Mar y Sol (San Francisco de Dos Ríos), a las 9:30 p. m. y en el quinto piso del Hotel Costa Rica a las 10 p. m. ¡Qué ritmo agotador!
El sábado, la agenda estuvo igualmente llena, pero con actividades muy distintas: cumpleaños, tés de canastilla y fiestas privadas.
A las 5 p. m., el mariachi sorprendió a "doña Carmencita", quien vive en Calle Blancos y se encontraba celebrando su cumpleaños. Hora y media después, la emoción se la llevó una joven señora de la urbanización López Mateos, en San Sebastián, a quien le celebraron su té de canastilla.
Poco antes de las 9 p. m., el América elevó la alegría del quinceaños de "Alejandra", celebrado en el salón comunal de Llorente de Tibás. Después, otra fiesta se llenó de música en el barrio Fletcher de Tibás y, finalmente, el América estuvo en una reunión social cerca de la Maternidad Carit.
¿Qué sucede en esas serenatas? La rutina, en cada caso, es muy parecida. Los ocho músicos (tres violines, dos trompetas, la bihuela, el guitarrón y el cantante solista) llegan en su camioneta al lugar acordado, se ponen de acuerdo con el que los contrató para el pago del trabajo y luego entran, en fila, tocando el son de La Negra.
En medio de los aplausos, de los gestos de sorpresa de los invitados (que siempre se emocionan), y de las frases de "¡ay, qué lindo, llegó el mariachi!" el cantante solista (Jorge Alonso Díaz) se sale del grupo y mientras canta, le coloca su sarape y su sombrero de charro a la homenajeada.
Luego de interpretar las cinco canciones, de darle la felicitación del caso a la "serenateada" y de saludar a la concurrencia, los músicos tocan de nuevo el son de La Negra y se van, en fila, hacia la salida. Apenas traspasan la puerta, dejan de tocar. Entonces, si hay tiempo y los convidan, se toman una coca-cola (mejor si es sin hielo), departen un rato en la fiesta y luego se van, lo más rápido posible, a la siguiente serenata.
Al final de la noche, vuelven a La Esmeralda con las manos frías, la garganta cansada y unos cuantos billetes en la bolsa, pero regresan dispuestos a seguir cantándole al amor si sale algún contrato más. Nunca se sabe...
Cómo, dónde, cuándo
Lugar: Bar y restaurante La Esmeralda.
Dirección: San José centro, avenida segunda, frente al edificio de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
Teléfono: 221-0530.
Horario: De lunes a sábado, de 11 a. m. a 5 a. m. Domingos, cerrado.
Guía de mariachis: Los nombres y teléfonos de algunos mariachis que llegan a La Esmeralda son los siguientes:
Mariachi América: 253-9518 y 381-3336.
Águilas de Michoacán: 254-3932 y 383-6930.
Mariachi Cobre: 382-0745.
Mariachi Costa Rica: 227-2136.
Mariachi La Guaria: 272-1134.
Mariachi México: 226-3835.
Mariachi Nuevo Tico Mex: 381-2023.
Mariachi Garibaldi: 289-9428.
Mariachi Monterrey: 257-1752 y 391-6889.
Precios: Los mariachis en La Esmeralda cobran según las tarifas del Sindicado Gremial de Trovadores. Una serenata de cinco canciones, con el son de La Negra como entrada y salida, cuesta ¢18.000 (transporte incluido). Aunque el Sindicato establece ese precio para evitar la competencia desleal, lo cierto es que los mariachis, a escondidas, ofrecen un precio menor (entre ¢16.000 y ¢14.000).
Requisitos: En el caso de los mariachis, solo hay que pagar la serenata. Ellos ponen su propio transporte. A los tríos sí hay que recogerlos y dejarlos en La Esmeralda o, en su defecto, pagarles el taxi. Los tríos cobran entre ¢12.000 y ¢18.000 por serenata.
Formas de contratación: Con días de anticipación o en el mismo momento, tanto por teléfono como en La Esmeralda.
Serenatas curiosas del Mariachi América:
El Mariachi América ha dado varias serenatas fuera de lo común. Su cantante solista y representante, Jorge Alonso Díaz, las relata:
Hace unos años, un señor de San Antonio de Belén nos contrató para dar serenata en las playas de Flamingo, en Guanacaste. Cuando íbamos pasando frente al mar, el señor pidió que paráramos, que camináramos hasta la pura orilla y entonces pagó para que le diéramos serenata a los pececitos. Imagínese: ¡parecíamos tontos!
Unos 12 años atrás, el dueño de un conocido taller mecánico (quien ya falleció), se tomó unos tragos de más. Nos contrató, nos llevó a su taller y mientras recorría el negocio iba diciendo: esta máquina me costó mucha plata. Así que tóquenle media canción. Esta otra me salió más cara, así que tóquenle una pieza completa. Y esta, que es carísima, se merece dos canciones. Dicho y hecho: le tuvimos que dar la serenata más romántica posible (dentro de las circunstancias) a las máquinas del taller.
Varias veces nos ha tocado ir a serenatas que parecen comunes y corrientes. Tocamos tres o cuatro de las piezas, y cuando estamos esperando que salga la muchacha, lo que sale es un caballero. Y se besan y de todo. En ese momento nos sentimos extraños, pero diay, es una serenata al fin y al cabo. También fuimos, una vez hace seis meses, a una serenata que una mujer le llevó a su novia. Era una despedida de soltera de lesbianas.
Otro caso curioso, y que nos pasa de vez en cuando, es con las mujeres mexicanas que viven aquí. Vienen en grupo, con una botella de tequila en mano, y le llevan serenata a sus novios o a sus esposos.