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El inicio de la ceremonia está programado para hoy a las siete de la noche, hora de la costa oeste de los Estados Unidos, pero la referencia temporal es válida solo para una pequeña población entre los millones de cinéfilos que estaremos atentos al encuentro: en nuestro país serán las nueve de la noche, y en Pekín las once de la mañana del lunes.
En estas ciudades, entre muchas otras, los espectadores seguiremos ansiosos la transmisión en vivo desde el Shrine Auditorium de Los Ángeles, con la esperanza de que un actor, director o película en particular, sean premiados.
Este año en los Oscar, se da un caso raro y es que todos los factores se inclinan por dos películas tan cercanas y distantes a la vez.
Los principales favoritos para obtener las codiciadas estatuillas, la cinta estadounidense Gladiador y la taiwanesa El tigre y el dragón, con doce y diez candidaturas respectivamente, presentan rasgos comunes y puntos de vista contrarios. No hay duda de que, en los extremos opuestos del planeta, estaremos pendientes de tan singular encuentro.
Rescate de tradiciones
La primera similitud notable entre las películas consiste en que ambas rescatan tradiciones cinematográficas que habían caído en desuso.
Gladiador pertenece al género conocido como péplum, palabra que proviene del material con el que se fabricaban las túnicas, género llamado también "de espada y sandalia", o simplemente "de romanos".
La producción masiva del péplum, tanto en Italia como en los Estados Unidos, surgió en la década de los años 50.
Como respuesta a la amenaza de la televisión, se ampliaron las dimensiones de la pantalla y se ideó una perfecta combinación entre épica, aventura y melodrama.
Entre las películas más notables del género y la época destacan Quo Vadis (1951), Julio César (1953), Ben Hur (1959) y Espartaco (1960).
Gladiador hace referencia a todas ellas, pero se relaciona más evidentemente con las italianas El último gladiador (1964), La venganza del gladiador (1964) y El gladiador que desafió al imperio (1965).
Por otra parte, El tigre y el dragón se inscribe en la tradición del Wuxia pian, género fantástico que gozó de gran popularidad en China y estuvo tan vinculado al desarrollo técnico como el péplum. La palabra Wuxia se refiere a una clase de guerrero con rápidos reflejos y habilidad para volar; especie de caballero errante que se rige por valores como el honor, la lealtad y la justicia.
El Wuxia nació como literatura popular durante la era de Confucio, encontró en el cine de la década de los 30 una nueva forma de expresión y, a partir de 1949, gracias a las políticas cinematográficas de la revolución maoísta, se consolidó como fenómeno comercial en Hong Kong y Taiwán.
La gran demanda de estas películas hizo que los efectos especiales, sumamente rudimentarios al principio fueran evolucionando. Finalmente, a mediados de los 70, el Wuxia perdió terreno frente a las películas de kung-fu, igualmente populares pero mucho menos costosas.
Entre las más célebres exponentes del género destacan El Arco de jade (1966), Ven a tomar conmigo (1966), La golondrina dorada (1968) y Catorce amazonas (1972).
Es notable que en todas ellas actúe Cheng Pei-pei, actriz de larga trayectoria, conocida como la reina del Wuxia pian, quien aparece en El tigre y el dragón en el papel de Zorra de Jade.
De igual manera, Gladiador rescata en el personaje de Graco a Derek Jacobi, protagonista de la serie de televisión Yo, Claudio (1976), basada en la novela homónima del británico Robert Graves.
El gran enfrentamiento
Cuando el emperador Marco Aurelio decide nombrar su sucesor a Máximo, líder de los ejércitos romanos en la reciente conquista de Germania, su hijo Cómodo lo asesina y asume el poder. Máximo escapa de la muerte ordenada por el nuevo emperador, pero no puede evitar la de su familia. Entonces encuentra en la venganza el estímulo necesario para sobreponerse a su condición, el aliento vital que le permite pasar de esclavo a caudillo en la arena del Coliseo.
Al igual que Gladiador, El tigre y el dragón encuentra, en el sentimiento revanchista, el elemento generador de las acciones. El célebre guerrero Li Mu Bai quiere dejar las armas y vivir junto a Shu Lien el amor que nunca han tenido el valor de confesarse. Li decide entregar su espada a un respetado líder de la ciudad de Pekín, pero, esa misma noche, un ladrón enmascarado se apropia de ella. La principal sospechosa es Zorra de Jade, y el guerrero siente que ha llegado el momento de vengar la memoria de su maestro, quien hace años murió envenenado a manos de la bandolera.
La gran diferencia entre ambas películas radica en la postura frente a las acciones de los personajes y en la forma de recuperar los géneros cinematográficos. El deseo vengativo de Máximo le permite alcanzar el reconocimiento, mientras que ese mismo deseo condena el proyecto de Li Mu Bai al fracaso.
Gladiador legitima, mediante la justificación de la venganza, actitudes como la justicia por mano propia y el éxito a cualquier costo; por el contrario, El tigre y el dragón cuestiona valores milenarios de su cultura, como el honor, la justicia y la lealtad.
La película asiática reinterpreta el Wuxia, confiriéndole a los personajes femeninos un protagonismo que no tuvieron tradicionalmente; la estadounidense no pasa de ser una colección contemporánea de películas del péplum, un gran espectáculo con algunos destellos de brillantez, como los fabulosos vistazos aéreos al Coliseo, pero que, lamentablemente, en la mayoría de los casos no deja de ser solo eso, un espectáculo que gira alrededor del efecto; algo parecido al "pan y circo" recetado por Cómodo al pueblo romano.
Cuestión de efectos
Probablemente, el sentido que las películas le confieren al efecto especial, imprescindible en ambos casos, hace más clara la diferencia de perspectivas entre cada una de ellas. Gladiador se manifiesta generalmente de manera externa, explosiva, mientras que El tigre y el dragón lo hace a través de sugerencias o alegorías.
En una, los enfrentamientos funcionan como mecanismos dramáticos para elegir a un ganador, mientras que en la otra se convierten en verdaderos encuentros entre los personajes, en momentos creados para decir, mediante el arte marcial, todo aquello que la tradición niega u oculta.
El enfrentamiento está cerca. La clara diversidad de perspectivas entre Gladiador y El tigre y dragón, convertirá esta edición de los Oscar en un hecho memorable. La tradición cultural de los jueces terminará inclinando la balanza en determinada dirección, de eso no hay duda; pero, a pesar de ello, millones de nosotros estaremos ahí, atentos y representados de alguna manera, cuando caiga la noche sobre Los Ángeles, y Pekín alcance el medio día del lunes.