El verbo maquillar viene del francés maquiller, que se usaba en la jerga teatral del siglo XIX. Por momentos, ese drama del maquillaje enfático y exagerado, típico de los escenarios, se ha colado en la moda y las pasarelas. Sin embargo, ahora se nos propone olvidarnos de ese maquillaje que parece representar a otro personaje para dejar al descubierto nuestra belleza real.
Por eso ya están aquí los colores que evocan los tonos de la misma piel como los dorados, los naranjas y los rosados. Inclusive, Andrés Sanabria Gaspar, maquillador profesional, propone que se aplique base en dos tonos, como una forma de recrear fielmente a un rostro con sus diversos matices: "Si aplicamos un solo tono de base le quitamos a la cara su tercera dimensión".
Para la revista Vogue, el único elemento que "hay-que-tener", es un rubor rosa que dé un aire inocente al rostro y, de paso, olvidarse del bronceado, para dar un toque todavía más pueril y aniñado. En nuestras latitudes tropicales, al parecer, el bronceado y los colores que lo realzan -como el oro y los anaranjados- tienen aún un lugar preferencial, según dijo el maquillador profesional Angelrafael González Aguilar.
Angelrafael explicó que los brillos intensos y los labios pesados y lustrosos tipo "látex" son cosa del pasado y que ahora -aunque no hay retorno a los mates de la década de los 90- se ha dado un pacto intermedio entre las dos tendencias cuyo resultado es un complaciente semimate. Igualmente, Andrés explicó que los colores estrambóticos como el plateado o el fucsia, que le restan naturalidad al rostro, están fuera de los límites de la moda.
Las cejas ahora se utilizan más gruesas y naturales, sin llegar a lo salvaje: "Asociamos el vello con la juventud, por eso las cejas gruesas rejuvenecen", dijo Angelrafael.
Para él, las cejas no deberían cambiarse según la tendencia, para no correr el riesgo de quedarse eventualmente sin ellas.
"Ahora todo el maquillaje se trata de intenciones y de luz", apunta Andrés. Según explicó, el delineador de ojos ha sido sustituido por las sombras oscuras en los bordes de los párpados, para que el efecto sea más insinuado, menos violento. La excepción son las pestañas que, cuanto más largas y gruesas estén, mejor.
Ambos expertos comparten la opinión de que actualmente tiene muchísimo peso la personalidad y la individualidad de cada quien. El maquillaje responde al tipo de trabajo, la edad, la ocasión, la hora del día y a la imagen que queramos proyectar.