Cuando se cita a Jerome
La autora del libro
Muchas veces, Moe relataba cuando el cómico Lou Costello (amigo de Shemp) estudiaba el material de Curly en las grabaciones de Columbia Pictures para adaptarlo al
Pero, como pasa en la comedia, detrás de las cámaras hay una historia dolorosa para Curly, nacido como Jerome Lester el 22 de octubre de 1903 en Bath Beach, en Brooklyn, Nueva York (EE. UU.). Era el menor de los cinco hermanos Horwitz.
De niño era tranquilo, sin darles problemas a sus padres. Era un buen atleta en su juventud y se dio a conocer en el equipo escolar de baloncesto.
Tras sufrir en la adolescencia, en 1915, las secuelas de una deficiencia física por un disparo accidental en su tobillo izquierdo, que lo dejó cojo y con un dolor permanente, una vida desordenada le acumuló un mal sobre otro.
Pese a no concluir el colegio, hizo pequeños trabajos en el espectáculo y admiraba la labor como comediantes de sus hermanos mayores, Shemp y Moe.
Ya dentro del grupo chiflado en lugar de Shemp, en 1932, le preocupaba mucho que el afeitarse su gran bigote y raparse la larga cabellera castaña y rizada al estilo de Buffalo Bill, le quitara
En la serie, Curly era igual a su personaje: un gordito pelado, infantil, bonachón, ingenuo y perdedor. Aunque fuera de cámaras era el protegido de Moe y una persona pasiva e introvertida, en la pantalla descargaba toda su furia.
La energía de Curly se empezó a desvanecer en 1944. Filmes como
Moe sugirió al dueño de Columbia Pictures, Harry Cohn, que Curly debía tomarse un descanso, pero el magnate no aceptó y se agravó la salud del cómico. En
Para agravar las cosas, nunca afrontó la presión de la fama. Siempre se caracterizó por su galanteo y debilidad por las mujeres. El éxito lo destruía y los excesos dejaron huella en su salud, pues bebía, comía y trasnochaba más de lo debido, con lo que afectó sus finanzas personales. Moe a menudo lo ayudó económicamente, a manejar sus ingresos y a cumplir con sus obligaciones fiscales.
Su dieta, compuesta por comida grasosa de restaurantes, y el licor que ingería a altas horas de la noche, lo hicieron engordar a un ritmo alarmante. En 1945 debió ser internado con el diagnóstico médico de hipertensión extrema, hemorragia en la retina y obesidad.
Como debilidad derrochaba dinero en viviendas, carros, mascotas (coleccionaba perros), apuestas y mujeres. Se casó cuatro veces, sin lograr una buena pareja. En agosto de 1930 tuvo su primera esposa, Julia Rosenthal, una corta y difícil relación de solo seis meses. La segunda fue Elaine Ackerman, en junio de 1937, pero nació su primera hija, Marilyn, y se divorció tres años después.
Moe creyó después que Curly necesitaba contraer nupcias otra vez para mejorar su salud. Tras un cortejo de solo 15 días, se casó por tercera vez, en octubre de 1945, esta vez con Marion Buxbaum, aunque la unión duró solo tres meses.
El suceso tuvo amplia cobertura periodística por el sonado juicio en su contra, en enero de 1946: esto provocó que su salud tuviera un rápido y devastador declive. Varias veces, sus tres primeras esposas se juntaban con Curly para quedarse con su dinero y bienes.
El cómico empezó a sufrir derrames cerebrales, que le produjeron una parálisis de la mitad del cuerpo y redujeron su capacidad mental. Esto lo forzó a dejar la actuación; el primero de los quebrantos fue el 6 de mayo de 1946, mientras filmaba el cortometraje número 97.
Su última mujer, Valerie Newman, fue quien realmente cuidó de él. Se casó con ella en julio de 1947. A pesar de que su salud empeoró cada día más, fue un matrimonio feliz, que le dio su segunda y última hija, Janie, en 1948.
Ese mismo año, Curly tuvo un segundo derrame masivo, que lo dejó aún más paralizado y lo confinó de por vida a una silla de ruedas. Se convirtió en la pálida sombra de lo que había sido: un hombre divertido, vibrante y animado.
En sus últimos años, Curly padecía problemas físicos y mentales. Moe se opuso a que lo internaran en un psiquiátrico, por lo que se le reubicó en un centro médico en California. Ahí murió a los 48 años, el 18 de enero de 1952.
Sobre su legado, Larry opinó en 1972 que “Curly era el mejor de todos porque era un comediante por naturaleza, que no tuvo preparación formal. Sin importar de que se tratara, todo lo hacía sobre la marcha, sin premeditación. Cuando lo perdimos, sufrimos un serio golpe”.
Nadie lo olvidará. Pese a llevar una vida atormentada, pocas personas logran esa magia que los mantiene inmunes al tiempo; Curly fue una de ellas, dejando una herencia hasta nuestros días. 1